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Por: Dave Armstrong
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Nota preliminar: No digo que la “madre tierra” sea un dogma. Solo digo que es una expresión aceptable para que la usen los cristianos ya que los Padres la usaron.
Los antiguos paganos a menudo adoraban las cosas creadas en lugar del Creador (Romanos 1:25). Consideraron erróneamente elementos del mundo natural como "dioses" y "diosas" dignos de adoración divina. La tierra, por ejemplo, fue a menudo, aunque no siempre, personificada como una diosa. En cambio, a veces nos encontramos con un "dios de la tierra", como el antiguo egipcio Geb. Sin embargo, la idea de que la tierra era a la vez diosa y madre de todos los dioses y humanos era común en el mundo antiguo.
Muchos neopaganos modernos también consideran que la tierra es un aspecto de su “gran diosa”. Debido a esto, algunos católicos se sienten incómodos con la frase “madre tierra”. Les parece un concepto pagano, incompatible con el cristianismo.
Sin embargo, San Francisco de Asís usó esta misma frase en su Cántico del Hermano Sol: “Alabado seas, mi Señor, por nuestra Hermana, la Madre Tierra, que nos sostiene y gobierna, produciendo frutos variados con flores y hierbas de colores”.
¿Tenía razón el Poverello al llamar a nuestro planeta “madre tierra”? ¿Es posible una comprensión cristiana de la tierra como madre? Si es así, deberíamos encontrarlo en la Sagrada Escritura y en los escritos de los Padres de la Iglesia. ¿Hablan éstos alguna vez de la tierra como una “madre”?
La sorprendente respuesta es: ¡Sí! De hecho, las Sagradas Escrituras en realidad llaman a la tierra “la madre de todos”:
Siracidas / Eclesiastico 40,1 (Douay) Gran trabajo es creado para todos los hombres, y un yugo pesado está sobre los hijos de Adán, desde el día en que salen del vientre de su madre, hasta el día de su sepultura en la madre de todos.
Encontramos declaraciones similares en escritos patrísticos. Por ejemplo, San Basilio el Grande, Padre y Doctor de la Iglesia, escribe que la tierra es la madre de los árboles y plantas que de ella brotan:
La fertilidad de la tierra es su perfecto acabado; el crecimiento de toda clase de plantas, la brotación de árboles altos, tanto productivos como estériles, flores de olor dulce y de hermosos colores, y todo lo que, un poco más tarde, a la voz de Dios salió de la tierra para hermosearla, su Madre universal. ( Hexamerón , Homilía II)
San Agustín de Hipona, otro gran Padre y Doctor de la Iglesia, coincide:
Porque muchas cosas arrancadas de los árboles, o arrancadas de la tierra, son mejores en algún intervalo de tiempo antes de que las usemos como alimento, como los puerros y las escarolas, la lechuga, las uvas, las manzanas, los higos y algunas peras; y hay muchas otras cosas que toman mejor color cuando no se usan inmediatamente despues de ser arrancadas, ademas de ser mas sanas para el cuerpo, y mas finas de sabor al paladar. Pero estas cosas no deberían poseer todas estas excelentes y agradables cualidades, si, como dices, se vuelven más desprovistas de bien cuanto más tiempo se guardan después de la separación de su madre tierra. ( Sobre la Moral de los Maniqueos , par. 43)
En otro lugar, San Agustín escribe:
Es más, ni siquiera la tierra misma llamamos creadora, aunque parece ser la madre fecunda de todas las cosas a las que ayuda a germinar y brotar de la semilla, y que mantiene enraizadas en su propio pecho; porque también leemos: Dios le da el cuerpo, como le ha placido, ya cada simiente su propio cuerpo. (Ciudad de Dios, Libro XII, Cap. 25)
Su maestro, San Ambrosio de Milán, dice de la tierra: “Se puede ver a la madre de todos unas veces desfigurada con moho, otras desnuda de productos, otras verde y llena de flores, otras seca”. (Sobre la muerte de Sátiro, Libro II, par. 61)
El escritor cristiano primitivo Eusebio dice:
Habiendo ordenado esta tierra para que fuera a la vez el hogar, la nodriza y la madre de todas las criaturas que contiene, y la regó con lluvia y manantiales, (Dios) hizo que abundara en plantas y flores de todas las especies, para el disfrute de la vida. (Oración en Alabanza de Constantino, Cap. 6 Par 7).
En otro lugar, él llama a la tierra “el nutridor y la madre de todos” (Historia de la Iglesia, Libro IX, Cap. 7 par 8)
Sin embargo, los Padres de la Iglesia no limitaron la maternidad de la tierra al reino vegetal. Otro escritor cristiano primitivo, Tertuliano, se refiere a la tierra como la madre del cuerpo humano:
La carne también tiene sus salidas por un tiempo: en las aguas, en los fuegos, en las aves, en las bestias; puede parecer que se disuelve en ellos, pero sólo se vierte en ellos, como en vasijas. Y si los vasos mismos luego fallan en sostenerla, escapando incluso de estos, y regresando a su madre tierra, ella es absorbida una vez más, por así decirlo, por sus abrazos secretos... (Sobre la resurrección de la carne, Capítulo 63)
San Juan Crisóstomo, Padre y Doctor de la Iglesia Oriental, se hace eco de las palabras del Libro del Eclesiástico:
Porque las leyes de la naturaleza son comunes a todos los hombres, que el que parte de esta vida sea escondido en la tierra, y entregado para ser sepultado, y sea cubierto en el seno de la tierra, la madre de todos... ( Sobre San Babilas , 2)
San Ambrosio añade:
¿Y qué ejemplo más adecuado podemos tomar que el de nuestra madre común? Porque la tierra misma, de la que todos somos tomados, cuando no se labra y cultiva, parece desierta; y el campo muere para las vides u olivos con los que fue plantado, y sin embargo no pierde su propio poder nutritivo, que es, por así decirlo, su vida. ( Sobre el arrepentimiento, Libro I, Capítulo 17, párr. 96)
Y san Gregorio Nacianceno, otro Padre oriental y Doctor de la Iglesia, nos aconseja “…recorrer a lo largo y a lo ancho la tierra, madre común de todos…”. ( Segunda Oración Teológica, Oración 28, par. XXVII)
Claramente, los primeros cristianos, incluidos muchos Padres y Doctores de la Iglesia, llamaron a la tierra una “madre”. Eran todos cristianos devotos, no paganos; de hecho, expresan oposición a los dioses paganos ya la idolatría en otras partes de sus escritos. Sin embargo, aparentemente no consideraban la noción de “madre tierra” esencialmente pagana o incompatible con el cristianismo.
A los Padres de la Iglesia también les encantaba comparar el nacimiento milagroso de Cristo de Su Virgen Madre con la creación de Adán de la “tierra virgen”. La implicación es que la tierra era en cierto sentido la “madre” de Adán, análoga a la maternidad de María de Jesús. He aquí algunos ejemplos de esta comparación patrística:
Porque así como por la desobediencia de un hombre, que originalmente fue moldeado de tierra virgen, los muchos fueron hechos pecadores y perdieron la vida; así fue necesario que, por la obediencia de un hombre, que nació originalmente de una virgen, muchos fueran justificados y recibieran la salvación. (San Ireneo de Lyon, Contra las herejías, III, 18, 7)
Por lo que, de nuevo, David dijo que "el Señor reinaría desde el árbol": porque también en otra parte el profeta predice el fruto de este "árbol", diciendo: "La tierra ha dado sus bendiciones", - por supuesto que la tierra virgen , aún no regada por las lluvias, ni fecundada por las lluvias, de la cual en otro tiempo fue formado el hombre, de la cual ahora Cristo, a través de la carne, ha nacido de una virgen…. (Tertuliano, Una respuesta a los judíos , Capítulo 13)
Él mismo está con vosotros, que es el Señor de la santificación, el Padre de la pureza, ... que de la tierra virgen hizo al hombre, y del costado del hombre formó a Eva por añadidura. (San Gregorio Taumaturgo, Primera Homilía sobre la Anunciación )
¡La tierra virgen, dio a luz a ese Adán que era cabeza sobre la tierra! La Virgen dio a luz hoy al Adán que era Cabeza sobre los Cielos. (San Efraín de Siria, Himnos sobre la Natividad, Himno I)
Era apropiado que el Dador de toda santidad entrara en este mundo por un nacimiento puro y santo. Porque Él es el que en la antigüedad formó a Adán de la tierra virgen, y de Adán sin ayuda de mujer formó a la mujer. Porque así como sin mujer Adán engendró a la mujer, así la Virgen sin varón engendró hoy un varón. (San Juan Crisóstomo, Homilía en la Mañana de Navidad )
De la tierra virgen [vino] Adán, Cristo [vino] de una virgen. (San Ambrosio, Sobre el Evangelio de Lucas 4,7)
Así pues, el diablo, que por comer había vencido al primer hombre, fue vencido por el ayuno del segundo hombre; y como él, por falta de autocontrol, había vencido al primer hombre, el hijo de la tierra virgen, así venceremos nosotros por el ayuno del segundo Adán, el Hijo de la Virgen María. ( El martirio de Bartolomé ; nótese la flagrante afirmación de que Adán era “el hijo de la tierra virgen”).
Y así, al renovar las cosas que eran desde el principio, y volverlas a formar de la Virgen por el Espíritu, las enmarca como al principio. Cuando la tierra era todavía virgen y sin labrar, Dios, tomando moho, formó de ella la criatura racional sin simiente. (San Metodio, Banquete de las Diez Vírgenes , Cap. 4)
Pero nosotros, confiados por Dios al Verbo que se hizo carne de la Virgen, respondemos que la virginidad fue implantada en la naturaleza del hombre desde arriba y desde el principio. Porque el hombre fue formado de tierra virgen. Solo de Adán fue creada Eva. (San Juan de Damasco, Exposición de la Fe Ortodoxa , Libro IV, Cap. 24)
Si la tierra virgen fue la madre del primer hombre, que fue la cabeza de la raza humana, entonces es también la antepasada de todos sus descendientes, al menos en el orden de la primera creación. Esto es análogo a cómo María es la Madre tanto de Cristo la Cabeza como de todos los miembros de Su Cuerpo Místico, la Iglesia.
Entonces, una comprensión cristiana de la “madre tierra” es claramente posible. Ella no es una diosa, sino una criatura semejante, como nuestras madres humanas. No le rezamos ni le ofrecemos el culto divino propio sólo de nuestro Creador común. En cambio, debemos cuidarla como un regalo precioso de Dios Todopoderoso.
San Francisco claramente no estaba solo entre los santos cuando alabó a Nuestro Señor a través de nuestra hermana, la madre tierra . Más bien, estaba expresando una verdad que se encuentra tanto en las Escrituras como en los Padres de la Iglesia.
Tan hermosa como es esta imagen, la tierra carece de una cosa que consideramos esencial para la maternidad, y es el amor materno. Como objeto inanimado, nuestro planeta no puede amarnos a nosotros, sus “hijos”. De hecho, ella no siente nada hacia nosotros en absoluto. La misma tierra que nos alimenta y sostiene “maternalmente” en cada momento de nuestra vida, podría aplastarnos en un terremoto, sepultarnos bajo cenizas y lava, o arrastrarnos a un socavón sin derramar una sola lágrima. Si bien algunos humanos pueden amar a la madre tierra, ella nunca podrá amarnos a nosotros.
Dios, en su infinita bondad, no se contentó con dejarnos una madre desprovista de amor. Así que en el orden de la Redención, Él nos ha dado una Madre mayor… ¡la misma Madre que Él se hizo a Sí Mismo!
Traducido y adaptado por Richbell Meléndez. Publicado originalmente en Patheos
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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.
 

 

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21 de abril de 2022 - 3:06 PM

Redacción ACI Prensa

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El 30 de abril del 2000, San Juan Pablo II declaró el domingo después de Pascua como el “Domingo de la Divina Misericordia”.

 

Esta celebración se centra en la imagen de la Divina Misericordia, pintada según la descripción dada por la santa polaca Faustina Kowalska, y que actualmente se encuentra en muchas iglesias alrededor del mundo.

 

En su diario, Santa Faustina escribió en febrero de 1931: “Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: ‘Pinta una imagen según el modelo que vez, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero’”.

 

A continuación, te dejamos 20 ideas para celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia en familia:

 

  1. Reza la coronilla de la Divina Misericordia.
     
  2. Invita a tu familia o amigos a rezar la Coronilla de la Divina Misericordia física o virtualmente
     
  3. Pídele perdón a alguien.
     
  4. Reza el Rosario por alguien que te ha herido.
     
  5. Participa de la Santa Misa transmitida en vivo desde el Santuario de la Divina Misericordia en Lagiewniki (Polonia), de alguna otra parroquia dedicada a la Divina Misericordia o a alguna a la que no hayas ido antes en tu país.
     
  6. Lee el libro Consolando al Corazón de Jesús u otro inspirado en la Divina Misericordia.
     
  7. Lee el Diario de Santa Faustina.
     
  8. Dibuja y pinta la imagen de la Divina Misericordia.
     
  9. Realiza una obra espiritual de misericordia.
     
  10. Arma un altar al Señor de la Divina Misericordia en tu casa y reza en familia.
     
  11. Reza por los difuntos que conoces y por los que nadie reza.
     
  12. Lee la carta encíclica de San Juan Pablo II Dives in misericordia.
     
  13. Prepara postres inspirados en la Divina Misericordia como estas galletas, estas otras o estos helados.
     
  14. Cocina un festín al estilo polaco y compártelo.
     
  15. Mira la animación de EWTN sobre Santa Faustina y la Divina Misericordia en inglés y español
     
  16. Lee el Jorobado de Notre Dame, porque el domingo después de Pascua también se celebra la “Fiesta de Cuasimodo” que refiere a “correr a Cristo”
     
  17. Mira la película Faustina, Apóstol de la Divina Misericordia de Goya Producciones o la película Amor y Misericordia.
     
  18. Cuéntale a una persona sobre la devoción a la Divina Misericordia.
     
  19. Llama a un familiar que está solo o con el que no sueles hablar.
     
  20. Crea una lista de las veces que has experimentado la misericordia de Dios y agradécele en tu oración personal.

Traducido y adaptado por Cynthia Pérez. Publicado originalmente en CNA.


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Por: Cristina González Alba

 

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La profesora universitaria Cristina González Alba, casada y con seis hijos, propone hacer del Rosario una práctica diaria que cada día sea distinta.

 

En esta entrevista a Zenit explica qué «rezar el Rosario no es lo mismo que orar» y cuenta algunas de las iniciativas que ha organizado para que la gente se acerque a esta práctica devocional.

 

Cristina González Alba, sevillana de nacimiento, enseña Derecho, Historia y Ética en la Universidad de Río Grande, en Tierra del Fuego. Es autora de «Orar con el Rosario», editado en España por la Editorial Descleé de Brouwer.

 

--¿En qué sentido descubrir el Rosario le cambió la vida?

 

--Cristina González: Quizás la frase cambiar la vida sea un poco literaria y no del todo exacta. Lo que sí me hizo fue madurar y crecer en vida interior. Yo recé el Rosario desde que era pequeña, en casa. Luego seguí haciéndolo como una buena rutina en mi vida.

 

Y un día descubrí la cantidad de posibilidades y recursos espirituales que me brindaba el Rosario. Por ejemplo, podía elegir un misterio del Rosario de cada día y convertirlo en el tema de mi oración.

 

Podía quedarme con una frase o salmo de la misa, o de la liturgia, y añadirlo después del rezo de cada misterio. Repetirlo después de cada misterio me sirvió para descubrir que lo podía seguir repitiendo durante el día en distintos momentos para tener presencia de Dios.

 

Leer o recordar el pasaje del evangelio de cada misterio me llevaba a sacar de ahí un punto de lucha para ese día. Entonces el Rosario se convirtió en el hilo conductor de mi vida interior y eso me hizo crecer espiritualmente y algo así como "ordenar" mi vida de oración.

 

El Rosario dejó de ser para mí una práctica aislada para convertirse en la fuente de donde sacaba propósitos, jaculatorias etc. que iban alimentando mi vida religiosa

 

--Usted diferencia «orar» de «rezar» con el Rosario. ¿En qué se distinguen?

 

--Cristina González: Mas que diferenciar podríamos decir que el concepto orar abarca el concepto rezar. Se empieza rezando y se termina orando. A veces a la oración no le tomamos gusto porque no sabemos dar ese paso.

 

Rezar es la manifestación exterior de orar. Orar es la actitud interior del que reza. El que ora reza, pero no todo el que reza ora. Y el Rosario es una oración que por ser repetitiva y rutinaria se puede prestar a la distracción y a la repetición sin reflexión. A sólo rezar y olvidarnos de orar.

 

Hay quien considera que una oración espontánea vale más, y no se da cuenta de que el Rosario es una herramienta fabulosa de creatividad y de espontaneidad. Hasta el mejor de los artistas necesita materia para crear.

 

Sólo Dios crea de la nada. Un escultor puede hacer una figura de cerámica maravillosa pero ha necesitado antes del barro. El Rosario sería ese barro. Lo podemos rezar nada más, y dejarlo como está, o podemos, a través del arte de la oración, convertirlo en una figura de artesanía espiritual.

 

--Propone «hacer de la rutina del Rosario de cada día una novedad». ¿Cómo se consigue este aspecto novedoso?

 

--Cristina González: Se consigue poniendo cada día todo nuestro arte en convertir esa masa de barro en una figura de artesanía, cada día distinta y cada día con un esfuerzo nuevo y una creatividad renovada.

 

El hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. Dios crea, el hombre es creativo, porque se parece a Dios. Dios crea por amor y el hombre alcanzará la plenitud de su creatividad en la medida en que lo haga por amor. El amor a Dios nos lleva a levantarnos cada día con el ánimo de hacer nuevas todas las cosas, para El.

 

--¿Con qué método ha conseguido que el Rosario forme parte de la vida diaria de mucha gente?

 

--Cristina González: Esa fue mi primera idea. Yo descubrí que el Rosario podía ser el hilo conductor de mi vida interior y lo vivía dentro del ámbito de mi vida de oración, como algo entre Dios y yo.

 

Cuando el papa Juan Pablo II escribió la carta apostólica «El Rosario de la Virgen María» me di cuenta de que no sólo era un arma para mí, sino que el Papa quería transmitir la idea de un Rosario meditado, orado, que alimentara nuestra vida.

 

Esa frase final de la carta donde dice «que este llamamiento mío no sea en balde» me animó a empezar a transmitir este modo que yo estaba descubriendo de rezar. Y el modo de presentarlo fue haciendo grupos de oración donde no íbamos a rezar el Rosario sino a trabajar el Rosario.

 

Probé distintos métodos y se logró que muchas personas se aficionaran al Rosario. Unas veces alguien traía preparada una meditación, otras veces traían la jaculatoria final, otras, ahí mismo, de la lectura de los misterios «inventábamos» una pequeña oración y la llevábamos escrita a casa para repetirla durante el día. Hay quien la ponía en la nevera pegada con un imán hasta el siguiente rosario o la pegaba en la agenda, como un compromiso personal.

 

--¿Cómo se puede presentar de manera atractiva el rosario a los jóvenes y a los no tan jóvenes?

 

--Cristina González: Con imaginación hay muchas maneras de presentar el Rosario de un modo atractivo. Los jóvenes son creativos. Hay que darles el barro y decirles que les está permitido crear.

 

Hay que respetar la estructura básica, que es lo que distingue el Rosario de otra oración, o sea, los cinco misterios, las diez avemarías, el padrenuestro y el Gloria, y a partir de ahí podemos hacer lo que nos de la gana, y cada día una cosa.

 

Los grupos de jóvenes pueden sacar del Rosario el eslogan o lema de la semana, del colegio o la parroquia, pueden rezar un misterio en grupo y meditar el pasaje de ese Evangelio, sacar una conclusión y ofrecerla a otras personas o hacer un cartel en el aula de catequesis.

 

Todo resulta. Incluso plantear un curso de formación siguiendo la temática del Rosario, que sería como evangelizar de la mano de la Virgen.

 

También es bueno que sea cada vez uno o dos los que preparen el rezo del Rosario del día o la semana, y dirijan el rezo incluyendo, por ejemplo, alguna pregunta para pensar después de cada misterio o algún comentario breve y personal.

 

Es importante que entiendan que el hombre es cuerpo y alma, y que esa repetición de oraciones, contra la que ellos a veces se rebelan, no se debe obviar, porque nos ayuda a relajarnos, a estar serenos y mejor predispuestos a una buena meditación.

 

Es algo que hay que ayudarles a experimentar, buscando lugares aptos y tranquilos, que inviten al recogimiento, como un jardín o un paseo por la playa. Los jóvenes necesitan experimentar lo religioso, tocarlo con sus manos.

 

En una ocasión un grupo de mujeres nos preparamos para la Semana Santa reuniéndonos todos los martes de cuaresma a rezar y meditar los misterios dolorosos, y terminábamos con un examen de conciencia o reflexión que preparaba cada una durante la semana. Como nos dio tan buen fruto lo repetimos los domingos de Pascua, con los misterios gloriosos, y después, en el Adviento, meditando los gozosos.

 

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Por: P. Miguel A. Fuentes

 

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Pregunta:

 

¿Cómo ayudar a los hijos que se drogan?

 

Respuesta:

 

Nadie duda que uno de los dramas contemporáneos es el problema de la drogadicción en todos los niveles: niños, jóvenes, adultos y ancianos.

 

El abuso de las drogas es la pandemia más grave actualmente en todo el mundo. Es una de las principales causas de muchos:

 

-matrimonios deshechos

-fracasos en los estudios

-despidos de trabajo

-desempleo

-ruinas económicas

-delincuencia juvenil

-prostitución de niños, adultos y jóvenes

-actos de violencia

-enfermedades mentales

-sida y otras enfermedades

-etc…

 

1. EL FENÓMENO DE LA DROGADICCIÓN

 

Veamos algunas ideas generales.

 

1) El consumidor de droga

 

Entre los distintos consumidores de droga hay que distinguir diversas clases:

 

-El consumidor ocasional: es aquel que consume droga esporádica y excepcionalmente.

-El consumidor habitual: es quien consume repetidamente, pero mantiene el suficiente control tanto de la frecuencia cuanto de las dosis; su vida en la sociedad es prácticamente normal.

-El fármacodependiente o tóxicodependiente: es el sujeto que ha llegado a la dependencia de la droga; la consumición de droga se hace en él compulsiva y puede llegar en algunos casos al síndrome de abstinencia.

-El toxicómano: es el sujeto en quien la dependencia de la droga es tal que vive tan sólo para ella; recurre a cualquier medio para conseguirla; desaparece para él todo otro interés (personal, familiar, social); pierde todos los valores morales.

 

2) La dependencia

 

También hay que hacer alguna distinción entre los tipos de dependencia en que puede encontrarse un consumidor. Son fundamentalmente dos: el acostumbramiento y la dependencia propiamente dicha.

 

El acostumbramiento es el estado producido por el uso repetido de un medicinal (u otra sustancia) y se caracteriza: por la tendencia a perseverar en el uso de un determinado producto a causa de las sensaciones de bienestar que provoca; por una ligera tendencia a aumentar la dosis; por cierto grado de dependencia psíquica, pero no física; finalmente, porque los efectos sólo son adversos para la persona que consume.

 

La dependencia, en cambio, es el estado de intoxicación periódica o crónica resultante del repetido uso de una medicina u otra sustancia. Se caracteriza: por el deseo irresistible (compulsión) a tomar el producto permanentemente y a conseguirlo a cualquier costo; por la tendencia a aumentar la dosis; por la dependencia no sólo psíquica sino también física; y, finalmente, porque los efectos son adversos tanto para la persona en cuestión cuanto para la sociedad. Esta dependencia, a su vez, se considera sólo psíquica: cuando la satisfacción psíquica empuja al individuo a abusar de la sustancia que la produce; o incluso física: cuando la suspensión o limitación del fármaco produce una serie de perturbaciones que se denomina ‘síndrome de abstinencia’, cuando las perturbaciones llegan a calambres estomacales, náuseas, diarrea, convulsiones e incluso estado de coma.

 

3) Problemas sociales que favorecen el consumo

 

Nuestra sociedad contemporánea ha creado las condiciones para que el fenómeno de la drogadicción pueda ser considerado prácticamente una ‘cultura’ (o mejor ‘subcultura’); porque, en efecto, la drogadicción se coloca en una línea armonizable con otras manifestaciones propias de nuestro tiempo, como son:

 

-la búsqueda continua del placer

-el hedonismo en todos sus aspectos

-la intolerancia ante el dolor y la frustración

-la falta de valores

-el materialismo consumista

-la inmadurez cada vez más frecuente en adultos

-la desintegración del núcleo familiar

 

Este tipo de características de nuestro fin de siglo han creado un estado de vacío, de frivolidad y de cansancio psicológico tal que el instinto de supervivencia espiritual busca desesperadamente salidas alternativas. Es muy significativo que la Organización Mundial para la Salud haya indicado como razones por las que se comienza a consumir algunas drogas ‘suaves’ (como la marihuana): la curiosidad por los efectos y sensaciones producidas por las drogas, el conseguir la satisfacción de pertenecer a un grupo y ser aceptado por los miembros del mismo, el manifestar independencia o también hostilidad, el tener experiencias nuevas, agradables o peligrosas (el atractivo por las situaciones de riesgo), el adquirir una mayor capacidad creativa, el entrar más fácilmente en estado de sueño o éxtasis, el huir de algún problema.

 

4) Efectos principales de las drogas

 

Las drogas causan terribles efectos en sus víctimas. Muchos son totalmente imprevisi­bles; pero entre los más comunes podemos indicar:

 

a) Modificaciones en la estructura de la personalidad: degradan la persona, se pierde la noción de los valores morales, se pierden progresivamente los intereses culturales y profesio­nales, desaparece toda capacidad para dar y recibir afecto (los demás dejan de interesar excepto si son útiles para obtener más droga), la mentira pasa a ser comportamiento habitual, se pierde el sentido de responsabilidad, se pierde el sentido de la vida.

 

b) Modificaciones sobre el comportamiento en la familia: los hijos se aíslan de los padres (por ejemplo, viven encerrados en sus cuartos o se relacionan sólo con grupos cerrados de amigos), adquieren comportamientos irritables, se da una progresiva pérdida de respeto por los padres.

 

c) Alteraciones en el ámbito escolar y laboral: pérdida del sentido del estudio y del trabajo, disminución del rendimiento, abandono de dichas actividades.

 

d) Alteraciones sociales: delincuencia y prostitución para conseguir dinero o por el ambiente en que se maneja, conductas suicidas (se calcula que 1 de cada 25 alcohólicos intenta suicidarse por lo menos una vez en la vida; esto es más agudo en las drogas químicas).

 

e) Problemas físicos: artritis, cirrosis hepática, depresión, malnutrición, encefalopatías, herpes, hepatitis B, sida, sífilis, tuberculosis, etc.

 

f) Disturbios mentales: la drogadicción puede facilitar la aparición de disturbios mentales como: ansiedad, cuadros psicóticos (especialmente con las drogas con efectos alucinógenos: alucinaciones e ideas delirantes), disturbios mentales endógenos como esquizofre­nia.

 

2. LOS PADRES Y LOS HIJOS DROGADICTOS[1]

 

Es indudable que esta amenaza pesa con angustia sobre los corazones de muchos padres que tienen hijos ya iniciados en la droga o bien que temen que sus hijos entren en este callejón sin salida ¿Qué pueden hacer cuando los hijos se drogan y qué para que no se droguen quienes aún no han incursionado en este camino? He aquí algunos consejos orientativos.

 

1) Cuando los padres descubren que un hijo se droga.

 

A veces puede ser muy difícil para los padres abordar el problema, ya que con frecuencia los hijos van a negar la realidad por todos los medios. Ellos no tienen dificultad en mentir: es parte de la mentalidad que les crea la drogadependencia. Sin embargo, cuando hay sospechas, no puede pasar mucho tiempo sin que los padres alcancen la evidencia de que tienen o no un hijo drogadicto. En ese momento, ¿qué hacer?

 

Ante todo, es muy importante que el clima familiar sea de la mayor serenidad posible, evitando comportamientos hostiles por parte de los padres. No conviene comenzar con recrimi­naciones, acusaciones, quejas y críticas. Esto sólo suele conducir a una recíproca hostilidad por parte del hijo.

 

Los padres tienen que conversar seriamente con el hijo, haciendo que éste tome confianza con los padres y no miedo. Esto no significa que ellos deban tener una actitud tolerante en lo que a las drogas se refiere. Por el contrario, la comprensión no tiene que ser acompañada de la menor permisividad. Tienen que ser muy comprensivos con la persona, pero drásticos en cuanto a la necesidad de no volver a consumir drogas.

 

Es de gran importancia que el hijo se aperciba de la gravedad que su problema conlleva ya sea para él como para los demás y de las consecuencias que pueden ir surgiendo en el futuro, en caso de no cambiar.

 

¿Cuál es la mejor forma de ayudarlo? Para evitar, lo más rápido posible la larga serie de consecuencias para él, conviene explicarle la evolución posible del proceso en el que se ha metido. Lo mejor es que el hijo asuma que el problema es suyo. Los padres sólo pueden facilitar los medios para conseguir una adecuada rehabilitación, pueden ayudarlo y apoyarlo; pero sobre todo es necesario que el mismo drogadicto tome la decisión personal de abandonar la droga.

 

Tenemos que tener presente que en el drogadicto se mezclan una sensación de impoten­cia y fracaso, sentimientos de culpa y de frustración. Todas estas cosas lo llevan a pensar que el problema no tiene remedio. Por eso son frecuentes las depresiones, acompañadas en muchos casos con intentos de suicidio.

 

En estos casos, el trabajo paterno es muy importante procurando estimularlo a la perseverancia en la lucha.

 

También, una de las consecuencias más comunes de la drogadicción es la incapacidad de apreciar la vida. La vida parece carecer de interés. Esto hace que los drogadictos sientan un profundo vacío interior. Los padres tienen que ayudarlo a volver a disfrutar los aspectos gratificantes de la vida. Con un clima afectivo en la familia, y sobre todo hablando a los hijos de Dios. El drogadicto tiene que buscar en Dios lo que él busca en las drogas. Tiene que llenar su vacío espiritual con el amor de Dios. En este caso, la mejor ayuda que se le puede prestar es aproximarlo a la Iglesia.

 

Finalmente, lo más importante es no perder la esperanza en Dios. Cuando estamos ante problemas que parecen imposibles, hay que decir: para Dios no hay nada imposible (Lc 1,37). El peligro más grande para los hijos es, ciertamente, la desesperación de sus propios padres.

 

2) Qué deben hacer los padres para prevenir la drogadicción de los hijos.

 

¿Qué hacer para que los hijos no busquen la droga? ¿Cómo se los protege?

 

Primero, tenemos que recordar que la mejor protección es un buen clima familiar. Hay que evitar algunas cosas que predisponen, directa o indirectamente, al uso de la droga. Por ejemplo:

 

-la falta de dedicación del tiempo suficiente por parte de los padres

-los malos tratos

-las separaciones y divorcios

-el alcoholismo de los padres

-el excesivo interés por obtener dinero y hablar sólo o casi exclusivamente de dinero y de problemas materiales

-especialmente la ausencia de prácticas religiosas en la familia.

 

Segundo, los padres tienen que ofrecer a los hijos ambientes en que no sea normal el consumo de droga. Esto no siempre es fácil en algunas sociedades en que la droga corre en la escuela, la calle, la universidad, el trabajo, etc. Pero al menos, hay que facilitar la práctica de los deportes, el estudio, el contacto con la naturaleza (el mar, la montaña, el campo) y especialmente la actividad religiosa.

 

Tercero, es necesario dar a los hijos el ejemplo personal de vida y educarlos en las buenas costumbres; por ejemplo:

 

-en el valor del esfuerzo personal, del respeto por sí mismo y por los demás

-en la constancia de la voluntad

-en el sentido auténtico del sufrimiento

-en el interés por el trabajo y por la cultura

-en la confianza en la Providencia divina

-en la fidelidad a los seres queridos

-en la lealtad a las obligaciones personales

-en el sentido de la responsabilidad

-en los valores espirituales

 

Finalmente, lo más importante es la oración en común, es decir, en familia. La oración de la esposa, con el esposo y con los hijos. La mejor cosa que podría hacerse es rezar el Rosario en familia o leer el Evangelio; invocar a Dios en las comidas, ir a Misa juntos, etc.

 

Lo que no pueden los hombres, lo puede Dios.

 

P. Miguel A. Fuentes, IVE


 

[1] Los datos los tomo de: Aquilino Poino Lorente y Javier de las Heras, Os teus filhos e as drogas, Ed. Rei dos livros, Lisboa 1994.

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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Por: Jesús Urones
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En estos dias de Semana Santa, meditamos sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Como católicos creemos que en el sacrificio de Cristo en la cruz es idéntico al de la Santa Misa.En el sacrificio de la misa se representa y conmemora el sacrificio de la cruz, y se aplica su virtud salvadora a todos los hombres. Esta doctrina no es compartida por los hermanos protestantes, sin embargo es enseñada por los padres de la Iglesia y el Magisterio Pontificio sin dejar lugar a dudas. Por todo ello podemos decir que la Misa es Sacrificio. En este artículo veremos los principales textos históricos ( patristicos) que defienden esta doctrina católica.
¿Enseña el Magisterio de la Iglesia que la Santa Misa es verdadero sacrificio?
Repasaremos algunos textos magisteriales claves:
El Concilio de Trento, en sus canones sobre el Sacrificio de la Misa dice:
Así, pues, el Dios y Señor nuestro, aunque había de ofrecerse una sola vez a sí mismo a Dios Padre en el altar de la cruz, con la interposición de la muerte, a fin de realizar para ellos [v. l.: allí] la eterna redención; como, sin embargo, no había de extinguirse su sacerdocio por la muerte (He 7,24 He 7,27), en la última Cena, la noche que era entregado, para dejar a su esposa amada, la Iglesia, un sacrificio visible, como exige la naturaleza de los hombres [Can., 1], por el que se representara aquel suyo sangriento que había una sola vez de consumarse en la cruz, y su memoria permaneciera hasta el fin de los siglos (1Co 11,23 ss), y su eficacia saludable se aplicara para la remisión de los pecados que diariamente cometemos, declarándose a sí mismo constituido para siempre sacerdote según el orden de Melquisedec (Ps 109,4), ofreció a Dios Padre su cuerpo y su sangre bajo las especies de pan y de vino y bajo los símbolos de esas mismas cosas, los entregó, para que los tomaran, a sus Apóstoles, a quienes entonces constituía sacerdotes del Nuevo Testamento, y a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio, les mandó con estas palabras: Haced esto en memoria mía, etc. (Lc 22,19; 1Co 11,24) que los ofrecieran. Así lo entendió y enseñó siempre la Iglesia [Can. 2].
San Pablo VI, autor de la Misa de su nombre, afirma sobre la naturaleza de la Misa que «es realmente el Sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares» (Credo del Pueblo de Dios, 1968, n. 24). +San Juan Pablo II: «El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio» (Ecclesia de Eucharistia, 2003, 14). Benedicto XVI: «Jesús es el verdadero Cordero pascual que se ha ofrecido espontáneamente a sí mismo en sacrificio por nosotros, realizando así la nueva y eterna alianza. La Eucaristía contiene en sí esta novedad radical, que se nos propone de nuevo en cada celebración» (Sacramentum caritatis, 2007,9).
¿Que creían los primeros cristianos?
San Justino mártir
Dios habla por boca de Malaquías, uno de los doce [profetas menores], como dije antes, acerca de los sacrificios que en ese momento presentaron ustedes: 'No tengo placer en ustedes, dice el Señor, y no aceptaré su sacrificios en tus manos; porque desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, mi nombre ha sido glorificado entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda pura, porque mi nombre es grande entre las naciones. . . [Mal. 1:10–11]. Luego habla de esos gentiles, es decir, de nosotros [cristianos] que en todo lugar le ofrecemos sacrificios, es decir, el pan de la Eucaristía y también la copa de la Eucaristía. ( Diálogo con Trifón el Judío 41 [AD 155] )
San Ireneo
Tomó de entre la creación lo que es pan, y dio gracias, diciendo: 'Esto es mi cuerpo.' Asimismo, la copa, que es de entre la creación a la que pertenecemos, confesó ser su sangre. Enseñó el nuevo sacrificio del nuevo pacto, del cual Malaquías, uno de los doce profetas [menores], había señalado de antemano: 'No hagáis mi voluntad, dice el Señor Todopoderoso, y no aceptaré sacrificio de vuestras manos. . Porque desde el nacimiento del sol hasta su puesta, mi nombre es glorificado entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y sacrificio puro; porque grande es mi nombre entre los gentiles, dice el Señor Todopoderoso' [Mal. 1:10–11]. Con estas palabras deja claro que el pueblo anterior dejará de hacer ofrendas a Dios; sino que en todo lugar se le ofrecerá sacrificio, y verdaderamente, uno puro, porque su nombre es glorificado entre los gentiles. (Contra las Herejías , IV, 17, 5)
San Cipriano de Cartago:
De donde se deduce que la sangre de Cristo no se ofrece si no hay vino en la copa, ni el sacrificio del Señor se celebra con legítima consagración si nuestra oblación y sacrificio no responden a su pasión . Pero ¿cómo beberemos el vino nuevo del fruto de la vid con Cristo en el reino de su Padre, si en elsacrificio de Dios Padre y de Cristo no ofrecemos vino, ni amasamos la copa del Señor según la tradición del Señor? (Epistola 62)
San Cirilo de Jerusalén
Luego, después de que se completa el sacrificio espiritual, el servicio incruento, sobre ese sacrificio de propiciación rogamos a Dios por la paz común de las Iglesias, por el bienestar del mundo; para reyes; para soldados y aliados; por los enfermos; por los afligidos; y, en una palabra, por todos los que necesitan socorro, todos oramos y ofrecemos este sacrificio. ( Conferencia Catequética XXIII, 7-8; NPNF 2, Vol. VII)
San Ambrosio
Vimos venir hacia nosotros al príncipe de los sacerdotes, lo vimos y lo oímos ofrecer su sangre por nosotros. Seguimos, en cuanto podemos, siendo sacerdotes, y ofrecemos el sacrificio en nombre del pueblo. Incluso si somos de poco mérito, aun así, en el sacrificio, somos honorables. Aunque ahora no se vea a Cristo como el que ofrece el sacrificio, sin embargo es él mismo el que se ofrece en sacrificio aquí en la Tierra cuando se ofrece el cuerpo de Cristo. En efecto, para ofrecerse a sí mismo se hace visible en nosotros aquel cuya palabra santifica el sacrificio que se ofrece. ( Comentarios sobre los Doce Salmos de David 38:25)
San Agustin:
Así, pues, Cristo nuestro Señor, que en su pasión ofreció por nosotros lo que había tomado de nosotros en su nacimiento, constituido príncipe de los sacerdotes para siempre, ordenó que se hiciera el sacrificio que estáis viendo, el de su cuerpo y su sangre. En efecto, de su cuerpo, herido por la lanza, brotó agua y sangre, mediante la cual borró los pecados del mundo. Recordando esta gracia al hacer realidad vuestra salvación, puesto que es Dios quien la realiza en vosotros, acercaos con temor y temblor a participar de este altar. Reconoced en el pan lo que colgó del madero, y en el cáliz lo que manó del costado.... Todo lo anunciado de antemano en muchas y variadas formas en los sacrificios del Antiguo Testamento se refiere a este único sacrificio revelado en el Nuevo Testamento. (Sermon 228 B)
Según nuestro modo frecuente de hablar, solemos decir, cuando se acerca la Pascua: «Mañana o pasado mañana será la pasión del Señor». Pero el Señor ha padecido muchos años ha y la pasión no ha tenido lugar sino una vez. En el mismo día del domingo decimos: «Hoy resucitó el Señor», aunque han pasado ya hartos años desde que resucitó. Nadie es tan necio que nos eche en cara la mentira cuando hablamos así. Nombramos tales días por su semejanza con aquellos otros en que tuvieron lugar los acontecimientos citados. Decimos que es el mismo día, aunque no es el mismo, sino otro semejante a él en el girar de las edades. Así también, cuando nos referimos a la celebración del sacramento del altar, decimos que en ese día acontece lo que no acontece en ese día, sino que aconteció antaño. Cristo fue inmolado una sola vez en persona y es inmolado no sólo en las solemnidades de la Pascua, sino también cada día entre los pueblos, en dicho sacramento. Por eso no miente quien contesta que es inmolado ahora, cuando se lo preguntan. Los sacramentos no serían en absoluto sacramentos si no tuviesen ciertas semejanzas con aquellas realidades de que son sacramentos. Por esa semejanza reciben, por lo regular, el nombre de las mismas realidades. Así como a su modo peculiar el sacramento del cuerpo de Cristo es el cuerpo de Cristo, y el sacramento de la sangre de Cristo es la sangre de Cristo, así también el sacramento de la fe es la fe. Luego al sacramento de una tan grande realidad le dio el nombre de la misma realidad. (Carta 98 a Bonifacio nº 9)
Teodoreto de Cyro:
Si pues el sacerdocio según la ley llego a su fin y el sumo sacerdote según el orden de Melquisedec ( Cristo) ofreció el sacrificio e hizo que los otros sacrificios no fuesen necesarios ¿Por qué los sacerdotes del Nuevo Testamento celebran la mistica liturgia? Es manifiesto a todos los versados en las cosas divinas que nosotros no ofrecemos otro sacrificio distinto, sino que celebramos la memoria de aquel único y saludable sacrificio. ( Comentario a la carta de los Hebreos 4.)
San Fulgencio de Ruspe:
Ten firmísimamente y no dudes en modo alguno de que el mismo Dios unigénito , el Verbo hecho carne, se ofreció por nosotros a Dios como sacrificio y victima en fragancia de suavidad (EF 5,2) al cual junto con el Padre y el Espiritu Santo, los patriarcas, los profetas y los sacerdotes sacrificaban animales en el tiempo del Antiguo Testamente, al cual ahora, es decir, en el tiempo del Nuevo Testamente, junto con el Padre y el Espiritu Santo, con quienes tiene él una misma divinidad, la santa Iglesia católica no cesa de ofrecer en todo el ober de la tierra el sacrificio del pan y del vino en fe y amor. Pues en aquellas victimas de animales estaba figurada la carne de Cristo la que el mismo sin pecado había de ofrecer por nuestros pecados y la sangre, que el había de derramar para la remisión de nuestros pecados, mas en este sacrificio hay acción de gracias y conmemoración de la carne de Cristo, la que por nosotros ofreció y de la sangre que el mismo Dios derramó por nosotros. (Sobre la fe a Pedro 19,60)
San Isidoro de Sevilla:
Alli , en la antigua ley, inmolados los animales eran ofrecidas hostias de carne y sangre, aquí, en la ley nueva, se ofrece el sacrificio de la carne y sangre de Cristo, sacrificio que era figurado por aquellos animales, allí con la sangre del cordero se celebra la Pascua, aquí nuestra Pascua es Cristo inmolado, que es el verdadero Cordero inmaculado. (Sobre las diferencias 2,33,125)
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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.
 

 

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