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Por: Francesc Gómez Morales

 

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Apasionado de la matemática y consejero de tres papas, Nicolás de Cusa hacía ciencia copernicana 150 años antes que Galileo y Copérnico.

 

Uno de los tópicos en historia de la ciencia es pensar que se pasa del “oscurantismo” medieval al nacimiento de la ciencia moderna de manera súbita. De la noche a la mañana surge un grupo de hombres extraordinarios que deciden darle la vuelta a nuestra manera de ver el mundo: Galileo, Kepler, Descartes… Es cierto que sus aportaciones supusieron una “revolución” pero no es menos cierto que cada uno de ellos (como todo hombre de ciencia) debe gran parte del éxito de su trabajo a sus predecesores.

 

Un “eslabón perdido” con nombre y apellidos

 

Existe por tanto una transición real, y no un salto abrupto, entre la manera de hacer ciencia de la Edad Media y las revoluciones de la Edad Moderna. Si tuviéramos que darle nombre y apellidos a nuestro “eslabón perdido” sin duda elegiríamos a Nikolaus Krebs, más conocido por Nicolás de Cusa. Iserloh lo describe de manera muy plástica: “está en el otoño de la Edad Media, pero también en la primavera de los tiempos modernos”.

 

Nació en 1401 en la ciudad alemana de Krebs (Cusa en latín). A los dieciséis años recibió la tonsura clerical y viajó por Europa estudiando gramática y filosofía, para obtener finalmente el doctorado en Derecho Canónico en Padua a la edad de 22 años. Paralelamente había nacido en él la pasión por las matemáticas y las ciencias naturales.

 

Una anécdota de su insaciable curiosidad científica la encontramos en su estancia en Colonia. Visitando la biblioteca de la cartuja encontró el Liber contemplationis de Ramón Llull, una de las figuras más eximias del medioevo hispano. No dejó escapar la oportunidad: se interesó por la obra y tomó diversas anotaciones.

 

Precursor del “giro copernicano”

 

Nicolás de Cusa mantuvo que la Tierra no era el centro del mundo y, basándose en la observación de los eclipses, que ésta era menor que el Sol y mayor que la Luna. También afirmó que el Sol, la Tierra y los demás cuerpos celestes se encuentran en movimiento y difieren en sus velocidades. También propuso la rotación terrestre como explicación al ciclo de los días. Por todo ello se le puede considerar con justicia un precursor de Copérnico. Sus intuiciones e ideas influyeron no sólo en éste sino en figuras tan ilustres como Kepler, Leonardo da Vinci y Giordano Bruno.

 

Un “argumento de autoridad” para Descartes

 

El libro más famoso de Nicolás de Cusa es “De docta ignorantia” (expresión prestada de san Agustín y san Buenaventura). En él expone una epistemología y una teología muy diferente de la tradicional. Llega a afirmar que el mundo es una imagen de Dios y su Trinidad. Partiendo de esta base postula la infinitud del espacio. Cuando más tarde Descartes proponga un espacio-tiempo infinito acudirá a Nicolás como argumento de autoridad para respaldar sus tesis.

 

Nuestro hombre no dudaba en “flirtear” con el concepto de infinito, imprescindible para las matemáticas contemporáneas. De hecho fue el primero que presentó el círculo como un polígono de lados infinitos (tal como se explica hoy día).

 

Adelantado a Galileo en la crítica a la escolástica

 

En uno de sus libros Nicolás de Cusa reprocha a la Filosofía de la Naturaleza escolástica (embrión de la Física actual) su incapacidad para medir (mensurare). Afirma que todo conocimiento científico debe estar fundamentado en la medición, otorgando a la geometría un papel protagonista en la ciencia.

 

La escolástica había recogido de Aristóteles una manera de hacer ciencia muy especulativa y poco experimental, en la que se recurría frecuentemente a la autoridad de los clásicos.

 

Nicolás de Cusa proponía recurrir a la “autoridad de las mediciones”. Por ello se esforzó por mejorar aparatos de medida (el reloj, la balanza) e inventó otros como el batómetro, que sirve para evaluar rápidamente la profundidad de ríos y lagos.

 

Muchas de sus sugerencias fueron realizadas en tiempos de Galileo, casi 150 años después. Nicolás de Cusa y Galileo compartieron la misma crítica a la manera de la escolástica de enfocar la filosofía de la naturaleza y abrieron el camino a la ciencia experimental, si bien es Galileo quien normalmente se lleva todo el mérito.

 

Y todo ello sin dejar de ser un gran hombre de Iglesia

 

Nicolás de Cusa fue obispo y cardenal y un hombre de confianza para los papas Nicolás V, Eugenio IV y Pío II. Fue nombrado legado pontificio y se le encomendó una misión muy ecuménica: lograr la unión con los griegos. Otro encargo de la Santa Sede fue lograr la firma de un concordato con el Imperio Austro-Húngaro, empresa que culminó con éxito. Fue Obispo de Brixen (Alemania) y tuvo que sufrir durante todo su mandato la oposición feroz de los poderes políticos. De hecho, acabó sus días en el exilio.

 

La vida de Nicolás es una prueba “empírica” de que la entrega y el servicio abnegado y constante a Cristo y a su Iglesia no sólo no es un impedimento para el desarrollo de la ciencia, sino que constituye una guía y estímulo para ésta.

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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Si damos una hojeada a las distintas culturas y civilizaciones en la historia humana podemos apreciar como el ser humano ha buscado incesantemente al Ser Supremo. Dios en su infinita bondad ha querido manifestársele al hombre como prueba de su amor por el.

 

La Revelación es la manifestación que Dios ha hecho a los hombres de Si Mismo y de aquellas otras verdades necesarias y convenientes para la salvación eterna. La Revelación también llamada Doctrina Cristiana o Deposito de la Fe se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia recibida de los Apóstoles y los Santos Padres.

 

Jesucristo confió la Revelación a la Iglesia que el fundo la Iglesia Católica, por medio de los Apóstoles y sus sucesores los Obispos (Magisterio), por lo tanto la Iglesia tiene la obligación de custodiarla, enseñarla e interpretarla sin error. Leer; Juan 21, 15 – 17 & Mateo 28, 18 – 20 El Evangelio de San Juan nos dice que; “muchas otras señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escrita en este libro. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean y tendrán vida en su nombre.”  Todas esas cosas que no están escritas en la Sagrada Escrituras son las que llamamos Tradición.

 

La Tradición es la Palabra de Dios no contenida en la Biblia, sino transmitida por Jesús a los Apóstoles y por estos a la Iglesia. (Obispos / Magisterio) Las enseñanzas de la Tradición están contenidas en los Símbolos o Profesiones de Fe, (ej. Credo de los Apóstoles) en los documentos de los Concilios, en los escritos de los Santos Padres de la Iglesia y en los Ritos de la Sagrada Liturgia.

 

La palabra Biblia proviene del griego “Biblio” que significa colección de libros. En otras palabras la Biblia es una biblioteca Divina. Esta colección de libros por la cual Dios manifiesta su revelación. La Biblia nos muestra la Revelación Divina de una forma esquemática. Se compone del Antiguo Testamento [46 libros] y el Nuevo Testamento [27 libros]. Tanto los libros del AT como del NT se dividen en libros históricos, didácticos y proféticos. La plenitud de la revelación la encontramos en Jesucristo. San Pablo en la Carta a los Romanos nos dice; “Al sobrevenir la Ley, el pecado tuvo mas auge, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y del mismo modo que el pecado estableció su reinado de muerte, así también debía reinar la gracia y después de restablecernos en la amistad con Dios, nos llevará a la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Romanos 5, 20 – 21) Jesucristo es el Nuevo Adán como nos dice San Pablo y por el y su gracia divina estamos destinos a la salvación si de verdad creemos en él y seguimos sus mandatos.

 

El Autor principal de la Biblia es Dios. El autor secundario o instrumental de la Biblia es el escritor sagrado o hagiógrafo. La inspiración bíblica es una gracia específica que concede el Espíritu Santo, por la cual el escritor sagrado es movido a poner por escrito las cosas que Dios quiere comunicar a los demás hombres.

 

Los libros del AT fueron escritos entre el siglo XV y el siglo II antes de Cristo. Los libros del NT fueron escritos en la segunda mitad del siglo I a finales del primer siglo. Los Libros Sagrados fueron escritos al principio en papiros y más tarde en pergaminos. El papiro es una planta que abunda en Egipto, el pergamino es obtenido de la piel de cabrito y se puede escribir por ambos lados. Originalmente la Biblia estaba en rollos, es decir, largas fajas de papiros o de piel unidas en los extremos a dos bastones en torno a uno de los cuales giraba.

 

Entre las propiedades que encontramos en la Biblia están la unidad, la inerrancia y la santidad. La unidad entre el Antiguo y Nuevo Testamento, y entre las partes de todos los libros. La inerrancia porque no contiene errores en lo que atañe a la salvación y sobretodo contiene veracidad sobre lo que enseña sobre la salvación. Pero sobretodo la Biblia contiene santidad porque proviene de Dios y nos enseña una doctrina sagrada y nos conduce a la santidad.

 

Los idiomas originales de la Santa Biblia son el hebreo, arameo y el griego.

 

En Hebreo se escribió:

·        la mayor parte del AT

 

En Arameo se escribió:

·        Tobías

·        Judit

·        Fragmentos de Edras, Daniel, Jeremías y del Génesis

·        El original de San Mateo

 

En Griego de escribió:

·        Libro de la Sabiduría

·        II de Macabeos

·        Eclesiástico

·        Partes de los libros de Ester y Daniel

·        Nuevo Testamento, excepto el original de San Mateo

 

Antiguo Testamento [46]

·        Pentateuco [5] Génesis, Éxodo, Levítico, Números & Deuteronomio – Autor (secundario/instrumental) Moisé

·        Históricos [16] Josué, Jueces, Rut, I & II Samuel, I & II Reyes, I & II Crónicas (Paralipómenos), Esdras,  Nehemías, Tobías, Judit, Ester y I & II Macabeos.

·        Poéticos o Sapienciales (Didácticos) [7] Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, El Cantar de los Cantares, sabiduría, Eclesiástico.

·        Profetas Mayores [6] Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel y Daniel.

·        Profetas Menores [12] Óseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

 

Nuevo Testamento [27]

·        Evangelios (Buena Nueva o Buena Noticia) [4] Mateo, Marcos (1ro que se escribió) Lucas & Juan  Los Evangelios aunque contienen hechos históricos fueron escritos con motivos pastorales. Se escribieron de acuerdo a las necesidades pastorales de las respectivas comunidades cristianas.

·        Hechos de los Apóstoles [1] (Histórico) Autor: San Lucas - Narra como vivieron las primeras comunidades cristianas.

·        Cartas de San Pablo [13] (Didácticas)

o Romanos

o I & II Corintios

o Gálatas

o Efesios

o Filipenses

o Colosenses

o I & II Tesalonicenses

o I & II Timoteo (Pastorales)

o Tito (Pastoral)

o Filemón

·        Carta a los Hebreos (Didáctica) [1] Autor: Desconocido

·        Cartas Católicas [7] (Universales) (Didácticas)

o Santiago

o I & II Pedro

o I, II & III Juan

o Judas

·        Apocalipsis [1] (Profético) Autor – Juan

 

El Canon Bíblico es el catalogo de los setenta y tres (73) libros del AT & NT que forman la Biblia y que la Iglesia ha declarado como divinamente inspirados. La palabra canon proviene del griego “kanon” y significa regla, estándar o síntesis. El Canon garantiza cuales son los Libros Sagrados y cuales son apócrifos o dudosos. Es la Iglesia (no los libros) quien da la regla para saber cuales son incluidos. La Iglesia (Magisterio) es por tanto la autoridad que nos da la Biblia y la discierne por la gracia que otorga el Espíritu Santo. El canon de la Iglesia Católica establece 46 libros del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento.

 

En el año 1534 Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán y agrupo los siete libros deuterocanónicos bajo el título de “apócrifo”, señalando: “Estos libros que no se tienen por iguales en las Sagradas Escrituras y sin embargo son útiles y buenos para leer.” Es así como los protestantes llegaron a considerar a los deuterocanónicos como libros no aceptados en el canon, o sea como libros apócrifos. Tobías, Judit, Ester (protocanónico con partes deuterocanónicas), Daniel (protocanónico con partes deuterocanónicas), I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (también llamado Sirácides) y Baruc fueron los libros del AT considerado por Lutero y los protestantes como apócrifos.

 

La pregunta queda en el tintero, ¿Cómo interpretamos los católicos la Palabra de Dios? El Magisterio es la autoridad de la Iglesia, investida a los obispos como sucesores de los Apóstoles, para enseñar la fe bajo la autoridad del Sumo Pontífice, sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y cabeza visible de la Iglesia Católica. El magisterio incluye la enseñanza de la Doctrina, la moral y las costumbres.

 

Los católicos obedecemos al magisterio porque es la autentica interpretación de la Palabra de Dios encomendada por Jesucristo al Papa y a los Obispos en comunión con él. Jesús dijo: “El que a ustedes escucha a mi me escucha.” (Lucas 10, 16) Todas las enseñanzas del magisterio son importantes y dignas de ser recibidas con obediencia.

 

La Infalibilidad es el carisma por el que la Sede de San Pedro (el Papa) siempre permanece libre de error alguno, según la promesa de nuestro Divino Salvador hecha a Pedro. “Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos.” (Lucas 22, 32)

 

Las Verdades que la Iglesia enseña como de Fe son aquellas sobre las que se tienen certeza de que son infalibles (sin posibilidad de error) porque están amparadas por la promesa de Cristo: “Quien le escucha a ustedes, me escucha a mí; y quien les rechaza a ustedes me rechaza a mi, y el que me rechaza a mi, rechaza a quien me ha enviado.” (Lucas 10, 16) La promesa de Cristo no puede fallar. Estas verdades requieren de los católicos el asentimiento de la fe. Es decir, la virtud sobrenatural de la fe, porque tenemos fe en Cristo y su promesa de enseñar por medio de la Iglesia. Estas verdades obligan a los católicos bajo pena de romper nuestra comunión con la fe verdadera.

 

¿Cómo podemos saber si una enseñanza es de fe? Para esto tiene que tener los tres niveles del Magisterio.

 

·        Una definición infalible del Papa. ”El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio Episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclaman por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral.” (CIC # 891). Retomemos algunos puntos; “Como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos…” Cuando el Papa habla en calidad de persona privada, o se dirige solo a un grupo y no habla a la Iglesia Universal, no goza de infalibilidad. ”Proclama por un acto definitivo la doctrina…” Cuando el Papa claramente expresa que la doctrina es definitiva, no puede cambiar y es infalible.

 

Al ejercicio especial y explicito de infalibilidad Papal se le llama un pronunciamiento ex-cathedra. Cuando el Sumo Pontífice habla desde su silla (cathedra) de autoridad, como cabeza visible de todos los cristianos, sus enseñanzas no dependen del consentimiento de la Iglesia y son irreformables.

 

·        La enseñanza del Magisterio Episcopal en comunión con el Papa. Esto ocurre cuando los obispos enseñan verdades definitivas de la fe y la moral en comunión con el Papa. Esto se da de manera especial, cuando se reúnen en concilio.

 

“La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro, sobre todo en un concilio ecuménico. Cuando la Iglesia propone por medio del Magisterio supremo que algo se debe aceptar como revelado por Dios para ser creído y como enseñanza de Cristo, hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de fe. Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación Divina.” (CIC # 891)

 

·        El magisterio ordinario del Papa, cuando este expresamente ejerce un juicio definitivo en materia de fe o moral que antes era debatida.

 

En casos como este, lo que el Papa enseña está amparado por las promesas de Cristo en Lucas 10, 16 y por lo tanto es infalible porque su promesa no puede fallar. Estos juicios definitivos pueden darse en una encíclica u otro documento pontificio.

 

·        Pronunciamientos que no son infalibles, no requieren el asentamiento de fe pero si una sumisión religiosa de la voluntad y del entendimiento. (Cf. Canon 752 Nuevo Decreto del Derecho Canónico)

 

“Esta religiosa sumisión de la voluntad y del entendimiento, de modo particular se debe al magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex-cathedra; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se adhiera al parecer expresado por él según la mente y voluntad que haya manifestado el mismo y que se descubre principalmente, ya sea por la índole del documento, ya sea por la insistencia con que se repite una misma doctrina, ya sea también por fórmulas empleadas.” (Lumen Gentium 25; Cf. Decreto de Derecho Canónico # 752)

 

La Hermenéutica Bíblica es la ciencia que estudia o trata las normas para interpretar rectamente los Libros Sagrados. La Iglesia Católica es la única capacitada para interpretar auténticamente (con pleno derecho y sin posibilidad de equivocarse) las Sagradas Escrituras porque Dios le confió solamente a ella la misión de guardar, enseñar y aclarar a los fieles su Palabra.

 

Es común escuchar la expresión de que todas las biblias son iguales. La verdad es que esta expresión no es cierta. No es recomendable leer cualquier Biblia ya que hay versiones que contienen errores doctrinales o de índole moral. Para evitar esos errores un católico sólo debe leer Biblia con notas y explicaciones aprobadas por la Iglesia Católica, es decir que digan “Nihil Obstant” e “Imprimatur”. El Nihil Obstant es la firma del censor eclesiástico (por lo regular es un sacerdote), el mismo verifica que no hayan errores en materia de fe en lo que se haya escrito. El Imprimatur es la firma de un obispo que verifica y certifica en forma definitiva que no hay ningún error en materia de fe en lo que se ha escrito.

 

Algunas de las ediciones de Biblias Protestantes son:

 

·        Reina-Valera: primeras versiones fueron en el 1569 y 1602 y se conocían como Biblia Clásica del protestantismo español y latinoamericano.

·        Dios habla hoy: Sociedades Bíblicas Unidas con dos versiones una sin los deuterocanónicos y otra con los deuterocanónicos. Esta última tuvo el visto bueno del CELAM (Conferencia del Episcopado Latinoamericano)

·        Biblia anotada de Scofield: con el texto de Reina-Valera pero con introducciones y comentarios traducidos de una Biblia inglesa preparada en 1909 por C. I. Scofield. Es una edición adaptada por las Iglesias  Evangélicas, con mentalidad liberalista y típicamente anticatólica. Asimismo titulada “La Biblia al día” (paráfrasis), sin los deuterocanónicos y algunas paráfrasis inexactas y anticatólicas(por ejemplo Mateo 6, 5 – 7 y Romanos 9, 5)

 

Algunas de las ediciones de Biblias Católicas más conocidas son:

 

·        Biblia de Jerusalén: Se llama así sencillamente por haber sido preparada por un numeroso equipo de internacional de biblistas, bajo la dirección de la famosa Escuela Bíblica de Jerusalén. Apareció primeramente en francés en el año 1956, de la que se sacó la primera edición española en el 1967 y en el 1975 la segunda, revisada, mejorada y aumentada.

·        Biblia Latinoamericana: Se le conoce con este nombre, ya muy popularizado, a la edición de la Biblia preparada por un equipo latinoamericano de pastoral bajo la dirección de Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault.  Ya han salido más de 76 ediciones de esta Biblia.

·        Biblia Nácar-Colunga: Primera traducción católica de la Biblia completa hecha de las lenguas originales, marcando así una nueva etapa. Se le considera de gran limpieza, claridad y pureza de estilo. Editada en la Biblioteca de Autores Cristianos en 1944 continúa disponible hoy en día en prácticamente todas las librerías católicas. Las notas se han ido reduciendo y no son particularmente fáciles de manejar en las últimas ediciones debido a que se han colocado hasta el final del libro. Ha tenido una gran difusión esta versión.

·        Biblia del Peregrino: Publicada en el año 1993. Dirigida por Luís Alonso Schöekel, presenta la revisión de la traducción de la Nueva Biblia Española. Aunque reconoce la primacía de importancia a la traducción, contiene comentarios y paralelos. En un cuaderno aparte se ofrecen las explicaciones o notas exegéticas.

 

La Iglesia recomienda la lectura de la Santa Biblia porque es alimento constante para la vida del alma, produce frutos de santidad, es fuente de oración, es gran ayuda para la enseñanza de la doctrina cristiana y es un excelente recurso para la predicación. El Concilio Vaticano II “exhorta a todos los fieles con insistencia a que por la frecuente lectura de las Escrituras, aprendan la ciencia eminente de Cristo.” (Constitución Dei Verbum # 25)

 

Las disposiciones que hay que tener para leer y estudiar la Biblia son:

 

·        Fe y amor a la Palabra de Dios

·        Intención recta

·        Piedad y humildad para aceptar lo que Dios dice.

 

Es recomendable leer los Evangelios diariamente durante unos cuantos minutos. San Jerónimo decía: “Lee con mucha frecuencia las Divinas Escrituras, es mas, nunca abandones la lectura sagrada.” A la luz de las enseñanzas de la Iglesia, la Biblia nos permite conocer el modo de salvarnos y reconciliarnos, y eso sólo puede lograrse conociendo, amando y encarnando la vida de Jesucristo.

 

Dios… Bendiga… Amén

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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Por: Keith E. Johnson

 

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El dramaturgo irlandés, George Bernard Shaw, dijo una vez, "Hay una sola religión, aunque existen cien versiones de ella." En nuestra sociedad pluralista, una cantidad creciente de gente encuentra atractiva la interpretación de Shaw de la religión. ¿Es posible que el budismo, el cristianismo, el hinduismo, el islamismo, el judaísmo, etc. representen caminos diferentes, pero válidos, que conducen al mismo destino? Si éste fuera el caso, no habría ninguna necesidad de discutir acerca de cuál religión es la religión "verdadera." Tales disputas no tendrían sentido. Tal vez el hecho de ver a la religión de esta forma conduciría eventualmente a menos intolerancia religiosa y a una mayor cooperación entre personas de distintas creencias.

 

Por otra parte, ¿y si todos los caminos no conducen al mismo destino? Tradiciones religiosas como el islamismo o el budismo difieren en forma significativa una de otra. ¿Cómo explica uno estas diferencias mientras sostiene que todos los caminos conducen al mismo destino? Si todos los caminos no conducen al mismo destino, entonces cada uno de nosotros debe tomar una decisión informada que puede tener consecuencias significativas. En este artículo examinaré brevemente los argumentos a favor y en contra de la afirmación de que todos los caminos (religiosos) conducen al mismo destino.

 

Opción Uno: Todos los Caminos Conducen al Mismo Destino

 

Algunos dicen que todas las religiones representan rutas diferentes pero igualmente válidas hacia el mismo destino. Aunque cada religión puede elegir su propio camino, todos los caminos convergen en la cima de la misma montaña. Los que apoyan esta posición son conscientes de la diversidad en la creencia y en la práctica que diferencia a los budistas de los cristianos, a los hindúes de los judíos, a los musulmanes de los sintoístas. No obstante, ellos ofrecen típicamente los siguientes puntos para abonar su tesis:

 

Es intolerante y etnocéntrico aseverar que una religión es la verdadera religión y que las otras, que están en desacuerdo, son falsas. Este tipo de intolerancia, se señala, ha causado demasiado derramamiento de sangre.

 

Las afirmaciones contrastantes de las distintas religiones no prueban que una religión es verdadera y las otras sean falsas. En cambio, sugiere que ninguna religión tiene toda la verdad, sino sólo fragmentos de ella. Imagine, por ejemplo, que tres ciegos están tocando un elefante. El primer ciego está tomando la pierna del elefante.

 

Explica, "Creo que un elefante es como el tronco de un gran árbol." El segundo ciego no está de acuerdo. "No, yo creo que un elefante es como una serpiente," dice, mientras sostiene la trompa del elefante. El tercer ciego responde, "No, ambos están equivocados, un elefante es como una pared." (Él está tocando el costado del elefante.) Cada ciego piensa que tiene razón y que los otros están equivocados, aun cuando cada uno de los tres está tocando al mismo elefante. En una forma similar, ¿no es posible que todas las religiones estén en contacto con la misma realidad última y que simplemente la están describiendo de distintas formas?

 

Hay un núcleo ético que comparten todas las religiones por igual. Alguna formulación de la Regla de Oro, por ejemplo, se encuentra en el judaísmo, el hinduismo, el jainismo, el cristianismo, el taoísmo, el islamismo y el budismo. Además, cada una de estas religiones produce una transformación ético-moral similar en las vidas de sus seguidores. Por cierto, sería difícil probar que una tradición religiosa es más efectiva que las otras en transformar las vidas de sus seguidores.

 

Estos tres argumentos son ofrecidos típicamente para apoyar la afirmación de que todos los caminos son medios válidos para el mismo destino. Tal vez la formulación más sofisticada de esta posición es la "hipótesis pluralista" propuesta por el filósofo John Hick.{1} La hipótesis pluralista de Hick intenta explicar cuatro fenómenos: el hecho de que la gente es inherentemente religiosa, la diversidad de las creencias religiosas, la presuposición de que la creencia religiosa no es una ilusión, y la realidad de que prácticamente cada tradición religiosa cambia la vida de sus seguidores en forma práctica. Hick afirma que hay una realidad última (que él llama lo "Real"); que cada tradición religiosa sufre de una ceguera kantiana que no le permite percibir esta realidad última; y que cada tradición religiosa representa un camino auténtico en el que esta realidad es concebida y experimentada.

 

Hick es plenamente consciente de que las diferentes tradiciones religiosas sostienen creencias opuestas en varios puntos claves. No obstante, él afirma que prácticamente cada una de las religiones trae un cambio moral positivo (lo que él denomina "salvación/liberación") en las vidas de sus seguidores. A la luz de esto, él cree que no tiene sentido concebir a una religión como verdadera y a las otras como falsas. En cambio, Hick sostiene que todas las religiones son medios igualmente válidos para la salvación/liberación.

 

Las interpretaciones pluralistas de la religión como la de Hick tienen una atracción fuerte. No obstante, encuentro que tienen dos deficiencias que, en el análisis final, las convierten en inaceptables. Primero, no son capaces de explicar correctamente las afirmaciones de verdad contrapuestas de las distintas religiones. Segundo, reinterpretan en forma radical las creencias de las tradiciones específicas a fin de evitar el primer problema.

 

El talón de Aquiles de la afirmación de que todos los caminos conducen al mismo destino es el problema de la consistencia interna. Cada tradición religiosa hace afirmaciones de verdad que contradicen las afirmaciones de verdad de otras tradiciones religiosas. Examinaremos brevemente tres áreas de desacuerdo.

 

El primer área de contradicción se refiere a la naturaleza de la realidad última (como ser, Dios). Uno descubre que hay un abismo enorme entre las religiones monoteístas (como el judaísmo, el cristianismo y el islamismo) y las religiones panteístas (como el hinduismo y el budismo). Los musulmanes afirman que hay un solo Dios, Alá, que creó el universo de la nada. Algunos hindúes, por el otro lado, no creen en un creador personal, sino en Brahman, una realidad absoluta impersonal que permea todas las cosas. Otros hindúes creen que hay millones de deidades (como Brahma, Visnú, Siva y Krishna) que son manifestaciones de Brahman.

 

Un segundo área de contradicción se refiere al destino de los individuos cuando mueren. De acuerdo con el islamismo, cada uno de nosotros morirá una sola vez y luego enfrentará el juicio de Alá. Dependiendo del juicio de Alá, pasaremos la eternidad en el cielo o en el infierno. En contraste, muchos hindúes afirman que viviremos (y ya hemos vivido) muchas vidas en la tierra. Los hindúes creen que las condiciones de nuestra existencia pasada y futura están determinadas por las leyes cósmicas del karma. Luego de la muerte, cada uno de nosotros es reencarnado en una forma distinta (humana, animal, etc.).

 

(3.) Cada tradición religiosa también identifica un problema universal que afecta a la humanidad. Esto nos trae a un tercer área de desacuerdo. Los hindúes, por ejemplo, dicen que el problema universal es el samsara. El samsara es un ciclo interminable de nacimiento, muerte y renacimiento (reencarnación) en el que cada persona está atrapada. Sólo mediante el conocimiento de la relación de cada uno con Brahman y la devoción religiosa, puede romperse este ciclo y puede experimentarse el moksha (liberación). El cristianismo, por otro lado, sostiene que el problema universal que enfrenta cada persona es la separación de Dios. Según el cristianismo, cada persona se ha rebelado contra Dios violando sus mandamientos (lo que la Biblia llama pecado). El cristianismo insiste que no hay ninguna solución humana a este problema. Sólo a través de una relación con Jesucristo puede ser resuelto este problema de separación de Dios. Los cristianos creen que Jesucristo pagó el precio de nuestro pecado mediante su muerte en la cruz a fin de que nuestra relación con Dios pudiera ser restablecida.

 

Estas afirmaciones contrapuestas acerca de la naturaleza de lo Último, el destino de los individuos al morir, así como del problema universal que enfrenta la humanidad son sólo algunas de las afirmaciones conflictivas hechas por las distintas tradiciones religiosas. Estos conflictos hacen que no sea factible decir que "todos los caminos conducen al mismo destino." Tal vez lo que sigue puede ayudar a ilustrar por qué esto es así. Considere las siguientes dos declaraciones:

 

Northwestern University ganó el campeonato de fútbol de los Diez Grandes en 1995.

 

Northwestern University no ganó el campeonato de fútbol de los Diez Grandes en 1995.

 

Es obvio que ambas declaraciones no pueden ser correctas al mismo tiempo. Esta verdad evidente en sí misma se conoce a menudo como el principio de "no-contradicción." Este principio tiene un efecto significativo en nuestra investigación. Dos aseveraciones contradictorias no pueden ser ambas correctas. Así, si dos religiones hacen afirmaciones de verdad que se contradicen entre sí, no pueden ser ambas correctas. Por ejemplo, cuando los hindúes dicen que hay varios Dioses y los judíos dicen que hay un solo Dios, uno de ellos debe estar equivocado. Además, cuando los musulmanes dicen que cada persona vive una sola vez y luego enfrenta el juicio, y los hindúes dicen que cada persona vive muchas vidas según la ley del Karma, uno de ellos debe estar equivocado.

 

Uno podría estar de acuerdo, en principio, con que las tradiciones religiosas hacen afirmaciones contrapuestas y sin embargo, no estar de acuerdo con mi conclusión acerca de la importancia de estos conflictos. En cambio, podría argüirse que todo esta discusión acerca de las "afirmaciones de verdad" contrapuestas no comprende la verdadera naturaleza del lenguaje religioso. Después de todo, el lenguaje religioso es altamente simbólico. La Biblia, por ejemplo, usa muchos antropomorfismos para describir a Dios (como la descripción del Rey David de Dios como un pastor que cuida a sus ovejas). Así que ¿no sería mejor hablar de diferentes metáforas en vez de afirmaciones de verdad contrapuestas?

 

Interpretar todo lenguaje religioso en forma simbólica evita el problema de las afirmaciones de verdad contrapuestas, sin embargo, sólo a un precio muy alto. Decir que todo lenguaje religioso es simbólico a fin de evitar cualquier conflicto es como serrucharse el brazo para evitar que sangre el dedo. Detiene el sangrado, pero sólo creando un problema mayor. A fin de demostrar por qué es éste el caso, comentaré brevemente sobre la naturaleza del lenguaje religioso.

 

Así como una composición orquestal utiliza una amplia variedad de instrumentos musicales, el lenguaje religioso también utiliza una rica variedad de géneros literarios incluyendo la poesía, el mito, la historia y la prosa directa. Pero, sin embargo, la realidad de que algún lenguaje religioso sea simbólico no niega el hecho de que la religiones hacen afirmaciones de verdad. En cambio, sugiere que las verdades religiosas vienen envueltas en una variedad de formas y que la interpretación correcta del lenguaje religioso requiere una atención cuidadosa al género literario particular que uno está leyendo.

 

La pregunta crítica es esta: El lenguaje religioso, ¿tiene la intención de describir realidades que existen independientemente de nuestra percepción, o acaso declaraciones tales como "Dios existe" son simplemente declaraciones del estado subjetivo emocional de una persona? Si las declaraciones religiosas - no importa cuál es su género en particular - tienen la intención de describir realidades que existen en forma objetiva, entonces están sujetas a la contradicción. Si, en cambio, todo lenguaje religioso es simbólico de forma tal que las declaraciones religiosas no pueden contradecirse unas con otras, entonces parecería ser que el lenguaje religioso no se refiere a nada que existe independientemente de nosotros. Esto hace del lenguaje religioso poco más que un comentario sobre nuestros estados psicológicos subjetivos.{2} Es interesante que esta posición es similar al punto de vista de Sigmund Freud sobre el lenguaje religioso. En Future of an Illusion (Futuro de Una Ilusión), Freud escribió,

 

Estas [ideas religiosas] que son impartidas como enseñanzas no son el precipitado de la experiencia o el resultado final del pensamiento: son ilusiones, realizaciones de los deseos más antiguos, fuertes y urgentes de la humanidad. . . Así, el reinado benévolo de la Providencia divina acalla nuestro temor de los peligros de la vida. . . {3}

 

Freud creía que el lenguaje religioso era completamente metafórico. Él decía que las declaraciones - tales como "Dios existe" - simplemente expresan ciertas necesidades psicológicas. El punto es que uno no puede invocar en forma consistente la categoría de metáfora/simbolismo para resolver las afirmaciones contrapuestas de las distintas religiones y sostener que Freud estaba equivocado.

 

Será útil en este punto volver a la parábola de los tres ciegos y el elefante. Anteriormente examinamos la posibilidad de que las tradiciones religiosas fueran como los tres ciegos que estaban intentando describir al mismo elefante. Cada uno de ellos describió al elefante en forma distinta. ¿Son las religiones del mundo como los tres ciegos?

 

Por más atractiva que sea la historia, nos deja una pregunta importante sin contestar: ¿Cómo sabemos que los ciegos estaban todos describiendo al mismo elefante? ¿Y si el primer hombre, mientras sostiene un roble, dijera, "Creo que un elefante es como el tronco de un gran árbol." Imagine al segundo ciego, mientras sostiene una manguera para incendios, exclamando, "No, estás equivocado; un elefante es como una serpiente." ¿Y si el tercer ciego, mientras toca el costado de las Torres Sears afirmara, "Creo que ambos están equivocados; un elefante es como una gran pared"? El problema crítico con esta historia es que presupone lo mismo que supuestamente prueba - que todos los ciegos están tocando un elefante. Pero, ¿cómo sabemos que los ciegos están tocando un elefante? Sólo porque la historia lo da por supuesto.

 

Llevándolo un paso más adelante, ¿y si cada uno de los ciegos hiciera afirmaciones acerca de un (supuesto) elefante que no sólo son diferentes sino contradictorios? ¿Todavía sería verosímil creer que están todos describiendo al mismo elefante? ¿Cuánta contradicción se requeriría en sus relatos antes que fuera obvio que no estaban describiendo al mismo elefante? Una pregunta similar puede ser hecha de la afirmación de que todos los caminos conducen al mismo destino. ¿Cómo sabemos que todos los caminos conducen al mismo destino? A la luz de las afirmaciones de verdad encontradas de varias religiones no parece racional creer que todos los caminos conducen al mismo destino.

 

Opción Dos: Todos los Caminos No Conducen al Mismo Destino

 

Esto nos trae a nuestra segunda alternativa - todos los caminos no conducen al mismo destino. A primera vista, esta posición no parece ser razonable. ¿Acaso no es increíblemente intolerante este tipo de afirmación? Segundo, ¿no es acaso la sinceridad lo importante en la creencia de uno? Finalmente, aun cuando sólo un camino sea "válido", ¿cómo podría ser identificado alguna vez? Antes de discutir estas preguntas, será de ayuda examinar los argumentos ofrecidos en apoyo de esta posición.

 

Un punto fuerte de esta posición es que toma en serio las afirmaciones de verdad de las tradiciones religiosas. Trata de entender las creencias de los budistas, los hindúes, los judíos, los musulmanes y los cristianos en su contexto adecuado. Éste es un punto crítico. La opción uno - la afirmación de que todos los caminos conducen al mismo destino - puede hacerse verosímil sólo reinterpretando en forma radical las enseñanzas de las diferentes tradiciones religiosas para que ya no tengan conflicto entre sí.

 

Pero, sin embargo, los fundadores de las varias tradiciones religiosas hicieron declaraciones que sabían que contradecían las declaraciones de otras religiones. El Buda, por ejemplo, rechazó la creencia hindú con relación a la razón del samsara (el ciclo interminable de nacimiento, muerte y renacimiento). Moisés, una figura clave en el judaísmo, rechazó el politeísmo de las naciones cananeas que rodeaban a la nación de Israel y afirmó que un solo Dios, Yahvéh, creó el mundo y debía ser adorado. De hecho, ciertas porciones de las enseñanzas de Moisés en el Pentateuco tal vez se puedan entender mejor como una polémica contra las creencias religiosas de las naciones cananeas alrededor. Mahoma, el fundador del Islam, rechazó el politeísmo al que estuvo expuesto en la Arabia del siglo seis. Jesucristo, el fundador del cristianismo, dijo, "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14:6) En otras palabras, estos fundadores religiosos sabían que ciertas afirmaciones que hacían contradecían las afirmaciones de otras religiones.

 

Nuestra segunda opción comienza con la observación de que cada religión hace afirmaciones de verdad acerca de la naturaleza de la realidad última (sea Dios, Brahma o Nirvana), el origen de la humanidad, el destino de la humanidad al morir y el camino de salvación o liberación. El hecho de que las religiones hagan tales afirmaciones tiene una vinculación significativa. Como ya hemos visto, cuando dos religiones hacen afirmaciones que se contradicen entre sí, no pueden ambas ser correctas. Las leyes de la lógica lo exigen.

 

No todos, sin embargo, están persuadidos de que las religiones hacen afirmaciones de verdad.{4} A fin de clarificar este asunto, será de ayuda examinar una distinción que el filósofo Mortimer Adler hace en su libro Truth in Religion. Adler distingue entre lo que llama "asuntos de verdad" y "asuntos de gusto."{5} Será más fácil ilustrar la distinción de Adler mediante las siguientes declaraciones:

 

Carmen tiene la mejor pizza rellena de la ciudad de Chicago.

 

El Viaje a las Galaxias es mi programa preferido de televisión.

 

Los Cubs son mi equipo de béisbol favorito.

 

Adler categorizaría estas declaraciones como asuntos de gusto. Considere, en cambio, las siguientes declaraciones:

 

La Universidad de Michigan es integrante de la conferencia de los Tres Grandes.

 

Bill Clinton es actualmente el presidente de los Estados Unidos.

 

John F. Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas.

 

Adler describiría a estas declaraciones como asuntos de verdad. Adler afirma que los asuntos de verdad requieren que tomemos una decisión cada vez que "la masa de la evidencia o el peso de las razones apunta en una dirección en vez de otra . . ." {6} La distinción útil de Adler propone la siguiente pregunta: ¿Qué tipos de declaraciones hacen las tradiciones religiosas? ¿Son las afirmaciones de la religión simplemente asuntos de gusto o son también asuntos de verdad? Considere las siguientes afirmaciones del cristianismo:

 

Jesucristo fue un judío que vivió en Palestina durante la primera parte del primer siglo.

 

Jesús fue ejecutado por soldados romanos en una cruz alrededor de 30 d.C.

 

Jesús resucitó de los muertos, tres días después de su muerte, y apareció a más de quinientos testigos.

 

Si bien uno podría discutir acerca de la veracidad de estas afirmaciones, uno no puede negar el hecho de que estas declaraciones entran en la categoría de asuntos de verdad.

 

Varias objeciones han sido levantadas típicamente contra la afirmación de que todos los caminos no conducen al mismo destino. Primero, se arguye que dicha posición es estrecha e intolerante. Segundo, se sugiere frecuentemente que la verdad no es en realidad tan importante y que lo que realmente importa es la sinceridad de la creencia de uno. Tercero, aun cuando un camino sea válido y otros no, se argumenta que no hay ninguna forma para conocer cuál camino es "verdadero", que no hay criterios neutrales que puedan ser usados para evaluar las tradiciones religiosas. Examinaré cada una de las objeciones.

 

(1.) La tolerancia es una palabra de moda en la década del noventa. Se nos recuerda frecuentemente que debemos ser tolerantes con aquellos con quienes no estamos de acuerdo. ¿Quién puede discutir esto? Es por cierto preferible a las otras alternativas. La historia mundial está repleta de las consecuencias de la intolerancia religiosa - guerras santas, cruzadas religiosas, inquisiciones, etc. Las actividades como éstas, llevadas a cabo bajo el estandarte de la religión, son moralmente reprensibles. Por lo tanto, es importante que sigamos trabajando para crear un mundo donde haya mayor libertad religiosa.

 

No obstante, es importante que la tolerancia no sea confundida con la veracidad. Mi alma máter, la Universidad de Michigan, ganó el campeonato de la NCAA en básquetbol en 1989. Imagine a un fanático de Duke que me oyera decir que Michigan ganó el campeonato en 1989, que conteste, "Buenos, ¡qué cosa increíblemente intolerante has dicho!" Esta respuesta es, cuando menos, confusa y hace borrosa una distinción importante. ¿Significa esta declaración que mi estilo de comunicación es falto de amabilidad o que mi aseveración es falsa? Como soy un fanático entusiasta de Michigan, es posible que haya sido odioso, pero sin embargo, la forma en que comunico una declaración debe ser distinguida cuidadosamente de su veracidad.

 

De la misma forma, cuando examinamos las declaraciones de las tradiciones religiosas debemos ser cuidadosos para no confundir tolerancia con veracidad. Afirmar que es intolerante decir que "todos los caminos conducen al mismo destino" no es el punto. Lo que importa es la verdad o la falsedad de esta aseveración.

 

(2.) Una segunda objeción está relacionada con el asunto de la sinceridad. Alguien podría decir, "Lo que cree una persona no es importante. Lo que realmente importa es la sinceridad de su creencia." Por cierto, la sinceridad es importante. Sin embargo, la sinceridad con la que uno sostiene una creencia en particular debe ser distinguida cuidadosamente de su veracidad. Para ilustrar esta distinción, imagínese que está en un laboratorio de química. Su profesor anuncia que su primer experimento involucrará estudiar las propiedades de los ácidos. Ella le coloca un recipiente de Pyrex de 500 ml que contiene un líquido transparente sobre la mesa del laboratorio y le dice, "Esto es ácido sulfúrico." En respuesta a su explicación, imagínese a su compañero de laboratorio, Pedro, que dice, "Yo no creo que esto sea ácido sulfúrico. A mí me parece que es agua." Pedro, usted descubre, es tan sincero acerca de su creencia de que el recipiente de Pyrex contiene agua, que decide tomarlo.

 

¿Qué le ocurrirá a Pedro? Obviamente, tendrá suerte si logra vivir lo suficiente como para participar en el laboratorio de la próxima semana una vez que el ácido sulfúrico haya terminado con su tracto digestivo. A pesar de su sinceridad, la creencia de Pedro de que el recipiente contenía agua no cambió la naturaleza de su contenido. Puede que crea con todo su corazón que el recipiente sólo contiene agua, pero el ácido lo matará. La creencia que uno tiene acerca de un objeto (o estado de situación) debe ser diferenciada cuidadosamente del objeto o el estado de situación reales. Uno puede ser sincero y, sin embargo, estar sinceramente equivocado.

 

(3.) Una tercera objeción se relaciona con el problema de la objetividad. Aun cuando una religión fuera verdadera, y las otras falsas, se sugiere que no hay criterios neutrales mediante los cuales uno puede evaluar las tradiciones religiosas. Si, por ejemplo, usted le pregunta a un musulmán por qué rechaza el hinduismo él le dirá que no está de acuerdo con las enseñanzas del Corán. De la misma forma, si a un budista se le pregunta por qué rechaza el cristianismo, le dirá porque no cuadra con las enseñanzas de Buda.

 

Si bien es cierto que los adherentes de una religión podrán rechazar las enseñanzas de otras religiones porque no son coherentes con sus propias enseñanzas, no sigue de esto que no existen criterios que puedan ser utilizados para evaluar las tradiciones religiosas. Yo creo que hay al menos cinco criterios "independientes de la tradición".{7} Estos incluyen (1) consistencia lógica, (2) apoyo fáctico adecuado, (3) relevancia de la experiencia, (4) consistencia con otros campos del conocimiento, y (5) factores morales.{8} Estos criterios son relevantes para la evaluación de cualquier teoría - sea histórica, científica o religiosa.

 

Al comienzo de este ensayo postulé la pregunta, "¿Conducen todos los caminos al mismo destino?" Nuestro breve examen de las afirmaciones de verdad de las tradiciones religiosas tales como el budismo, el hinduismo, el cristianismo, el islamismo y el judaísmo no ha producido ninguna evidencia que sugiera que todos los caminos conduzcan al mismo destino. Al contrario, las afirmaciones mutuamente excluyentes de las afirmaciones de verdad de las diferentes religiones sugieren precisamente lo contrario. De aquí que si voy a ser intelectualmente honesto creo que la respuesta a la pregunta que postulé al principio del ensayo es no - todos los caminos no conducen al mismo destino. Consecuentemente, es nuestra responsabilidad examinar los caminos ante nosotros antes de tomar una decisión informada.

 

Una Posdata . . .

 

Algunos encontrarán que mi conclusión es inquietante. Enfrentados a una miríada de religiones, ¿dónde comienza uno? Tal vez pueda ofrecer mi propia experiencia. A partir de mi estudio de la fe cristiana, estoy persuadido de la veracidad de sus afirmaciones. Aunque crecí en una familia cristiana, mi estudio personal comenzó como estudiante de primer año en la Universidad de Michigan. Me encontré haciendo muchas preguntas como "¿Cómo sé que Dios existe?" "¿Puedo confiar en la Biblia?" A lo largo de los años, leí cuidadosamente gran parte del Nuevo Testamento. Me sorprendí al encontrar que el cristianismo provee los criterios mediante los cuales sus afirmaciones de verdad pueden ser evaluados. Déjeme explicarle.

 

La afirmación central del cristianismo es que Dios entró en la historia humana hace 2000 años mediante un hombre llamado Jesucristo que murió en la cruz entre dos ladrones y que resucitó de los muertos tres días después. La veracidad del cristianismo depende de este evento histórico - la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. En una carta del primer siglo a un grupo de cristianos, el apóstol Pablo les escribió lo siguiente respecto de la importancia de la resurrección de Jesucristo: "Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe." (1 Corintios 15:14). En otras palabras, si Cristo no resucitó de los muertos, entonces el cristianismo es falso.

 

Entonces, para desaprobar el cristianismo uno sólo tendría que mostrar que Cristo nunca resucitó de los muertos. Hace algunos años un escéptico del cristianismo llamado Josh McDowell se dedicó a hacer precisamente esto. Quiso escribir un libro que refutara al cristianismo. En su libro Evidence that Demands a Verdict (Evidencia que Exige un Veredicto) él escribe,

 

Después de más de 700 horas de estudiar el tema, y habiendo investigado exhaustivamente su fundamento, he llegado a la conclusión que la resurrección de Jesucristo es uno de los engaños más malvados, crueles y despiadados que jamás se hayan impuesto sobre las mentes de los hombres, o es el hecho más fantástico de la historia.{9}

 

Como escéptico del cristianismo, Josh McDowell no sólo encontró que la evidencia de la resurrección de Cristo de la muerte era convincente, sino que él mismo se convirtió en un seguidor de Jesucristo. Como el cristianismo ofrece criterios mediante los cuales sus afirmaciones de verdad pueden ser evaluados, esto lo convierte en un excelente lugar para comenzar la investigación propia. Tal vez la mejor forma de comenzar a investigar al cristianismo sea estudiar cuidadosamente los cuatro relatos biográficos de la vida de Cristo que se encuentran en el Nuevo Testamento (Mateo, Marcos, Lucas y Juan).

 

Notas

{1} Ver John Hick, An Interpretation of Religion: Human Responses to the Transcendent (New Haven: Yale, 1989). Consideraciones de espacio no me permiten interactuar con la hipótesis pluralista de Hick. Para una evaluación de la hipótesis de Hick, ver Harold A. Netland, Dissonant Voices: Religious Pluralism and the Question of Truth (Voces Disonantes: El Pluralismo Religioso y la Cuestión de la Verdad,Grand Rapids: Eerdmanns, 1991), 196-233.

{2} Vale la pena notar también que ver el lenguaje religioso de esta forma involucra una reinterpretación radical del lenguaje religioso que los adherentes de la mayoría de las tradiciones religiosas encontrarían inaceptable. Aun cuando algunos adherentes sostienen que las creencias religiosas expresan, en una forma metafórica, sus estados emocionales subjetivos, por cierto no todos lo hacen. Muchos, sospecho, creen que sus doctrinas religiosas tienen la intención de describir realidades objetivas.

{3} Sigmund Freud. The Future of an Illusion, trad. W. D. Robson-Scott, rev. James Strachey (New York: Doubleday, 1964), 47-48.

{4} El estudioso de Oxford, Don Cupitt, por ejemplo, afirma que la verdad de la religión es como la verdad del arte. Ver Don Cupitt, "The Death of Truth," New Statesman, April 5, 1991, 23-24.

{5} Mortimer J. Adler, Truth in Religion: The Plurality of Religions and the Unity of Truth (La Verdad en la Religión: La Pluralidad de las Religiones y la Unidad de la Verdad, New York: MacMillan, 1990), 2-5.

{6} Ibid., 3.

{7} Esto no significa sugerir que la evaluación de las afirmaciones de verdad religiosas es una tarea fácil. Muchos asuntos epistemológicos surgen cuando uno intenta demostrar la veracidad de las creencias religiosas. No obstante, creo que es posible proveer una garantía para las afirmaciones de verdad religiosas. Para una discusión útil sobre los asuntos que proveen una garantía para las afirmaciones de verdad en la religión, ver Basil Mitchell, The Justification of Religious Belief (La Justificación de la Creencia Religiosa, New York: Seabury, 1973).

{8} Una discusión de estos criterios está fuera del alcance de este artículo. Sin embargo, otros los han discutido en detalle en cuanto a cómo se relacionan con la evaluación de las tradiciones religiosas. Ver Harold A. Netland, Dissonant Voices: Religious Pluralism and the Question of Truth (Voces Disonantes: El Pluralismo Religioso y la Cuestión de la Verdad, Grand Rapids: Eerdmanns, 1991), 151- 95.

{9} Josh McDowell, Evidence That Demands a Verdict: Historical Evidences for the Christian Faith, rev. ed. (Evidencia que Exige un Veredicto: Evidencias Históricas para la Fe Cristiana, San Bernardino: Here's Life, 1979), 179.

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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