De lama reencarnado a seminarista: testimonio de un budista español.
Nací
en una familia católica pero no practicante. A los 5 años me apuntaron
a hacer artes marciales. Cuanto tenía 7 años, sin saber nada del
budismo, me sentaba y meditaba al estilo budista, por las noches, sin
que me viesen mis padres. Me salía como una cosa muy natural. Una
noche hice ruido. Mi madre se percató y me vio sentado en la postura
del loto. Yo estaba recitando una oración, el sutra del corazón. Mi
madre se asustó; ¡incluso pensaron en llevarme a un psicólogo!
Cuando yo tenía 8 años llegó a casa un lama tibetano. Nos dijo que había tenido unos sueños o visiones y que pensaba que quizá yo era la reencarnación de un lama tibetano.
Mis padres no sabían casi nada del budismo, sólo conocían algo que
habían leído en los libros de Lobsang Rampa. Sabían que era una
religión limpia, no una religión oscura. El lama les inspiró
confianza y decidieron darme una formación paralela.
Por
las mañanas yo iba al colegio como un niño normal, a los salesianos.
Por las tardes, tenía clase con dos tutores budistas tibetanos que
vinieron a España, de la tradición Nygma-Pa. Completaba mi formación
con artes marciales. Mi educación estaba orientada clarísimamente a ser lama, es decir, maestro, y no un simple monje.
Incluía meditación y enseñanzas budistas. He de precisar que mi maestro
de artes marciales no era budista, sino sacerdote taoísta. Para mí fue
como un tutor, un segundo padre (después de mis padres, claro). Con él practicaba tai-chi, kung-fu, aikido. Me enseñó un taoísmo filosófico, pero no como religión, porque mi religión era la budista. Durante
todo esto, mis padres sólo pidieron discrecion. Mi caso fue por eso muy
diferente al de Osel Torres, el niño-lama de Granada que salía en todos
los medios de comunicación. Nadie en mi colegio conocía mi formación
budista.
Lama a los 15 años
Fui
nombrado lama oficialmente con 15 años. Para mis maestros, yo era
la reencarnación de Tan-ñon-Gon-Chen-Tulku-Rimpoché, un lama ermitaño
tibetano del siglo IV d.C. Ese lama estaba especializado en
sanaciones espirituales, en las enseñanza más chamánicas del budismo. Se considera que cuando un lama vuelve a nacer, va a seguir desarrollando las mismas actividades que en su otra vida. Por
eso se le da una educación y unas responsabilidades superiores a las
que por edad corresponderían. El budismo mantiene un registro bastante
estricto de la sucesión de lama a lama desde hace siglos, sus
funciones, enseñanzas... Por eso yo atendía muchos casos de dolencias
espirituales, me traían enfermos, hacía rituales de sanación.
A
los 21 años, vivía en Barcelona. Llegó un matrimonio hindú, de la
India, recién aterrizado porque habían oído hablar de un curandero o
sanador espiritual que podía ayudar a su hija enferma. Resulta que el
tal "curandero" era un cura católico, ellos ni lo sabían eso. El
sacerdote me los remitió, porque pensó que yo, al ser budista, una
tradición asiática, podía atenderlos mejor.
Por
lo general, en los casos de dolencia espiritual grave, yo siempre pedía
varios informes: uno médico, otro neurológico y otro psiquiátrico.
Ellos estaban tan desesperados que habían venido de la India ya con la
niña y con todos los informes hechos. Organicé una sesión de sanación según el ritual budista.
Como de costumbre, además de los padres y la niña, estaban con nosotros
unos amigos a los que solía invitar como testigos y ayudantes. Uno es
notario, otro psiquiatra, otro ingeniero y el otro informático.
13 horas de ritual... y algo asombroso
Llevábamos ya 13 horas de ritual y no conseguía nada. La niña se agitaba con fuerza sobrehumana,
hablaba mezclando idiomas, se ponía en trance... Yo no conseguía
ninguna mejora. Y entonces la madre, que no sabía español, dijo en
castellano: "En el nombre de Jesús libera a mi hija".
Y en ese momento la madre y la hija cayeron inconscientes. Cuando se
despertaron la niña estaba curada y la madre no recordaba haber dicho
nada.
Aquello me impactó. Para mí, Jesús sólo había sido un hombre sabio que ayudaba a la gente. Yo nunca había reflexionado sobre Jesús.
Lo conocía sobre todo por la asignatura de religión con los salesianos,
pero para mí lo que me habían contado de Jesús era sólo como un cuento.
Salí
a pasear, a reflexionar sobre lo que había pasado. Me encontré un
mendigo, que me hizo señas para que me acercase. Yo iba vestido de
monje, con la túnica azafrán y la cabeza rapada. Supuse que mi aspecto
le había hecho gracia y querría decirme algo. Pero él sacó un libro
y me dijo: "ábrelo". Era la Biblia. Lo abrí 3 veces y me salía la sanación que Jesús hizo en Gerasa. Y entonces entendí que mi vida era seguir a Jesús.
Buscando la voluntad de Dios
Mi
maestro budista me dejó marchar. Dijo que siguiera mi corazón. El
budismo enseña que la mente a menudo es tramposa, pero el corazón
no miente. Dijo que si Jesús estaba en mi corazón, que lo siguiera.
Ellos pensaban -y siguen pensando- que volveré al budismo.
Así
que volví "al mundo". Incluso estuve saliendo con algunas chicas y me
saqué una novia un tiempo. Visité a los capuchinos, que me enseñaron el
cristianismo. Me hice terciario capuchino, su rama laica. Pero me
parecía que Dios me pedía más.
Me
dediqué a conocer las órdenes monásticas, los movimientos católicos, y
también los ambientes protestantes, ortodoxos, el islam sufí... Buscaba
entender lo que Dios me pedía.
Hice
los Ejercicios Espirituales de los jesuitas. Ellos me recomendaron ir
de voluntario una temporada con los enfermos del Cottolengo. Estuve en el Cottolengo unos 20 días, y en los enfermos Cristo se me mostró.
Jesús acompañaba su predicación con milagros y curaciones de enfermos.
Un sacerdote egipcio, copto católico, misionero, me contó su experiencia de vida, como sacerdote y misionero. Al oírle hablar, me parecía ver el camino recto de Jesús abierto...
Me
hablaron de un seminario que parecía serio. Un médico amigo mío,
diácono permanente, me preparó una cita con el obispo. Hablé con
él después de la misa, y vimos que Cristo me había tocado. ¿Mi vocación
es diocesana o monástica? No lo sé, pero en el seminario, en silencio y
estudio se irá descubriendo.
Impactado por Dios Padre y el coraje de Cristo.
De Jesús me impactó su Dios, el Padre que nos quiere,
que nos ha creado a su imagen y semejanza. También me impresiona el
testimonio de Jesús, su coraje de morir por nosotros. Es impresionante
cómo lucha con todos en contra. Hay muchos maestros espirituales, pero
sólo Él ha muerto por los hombres. Me impresiona la Pasión. Ese "muere
por nosotros"... Si no es el Hijo de Dios no puede morir por nosotros.
Ni Buda, ni Moisés ni Zoroastro murieron por los hombres.
Después
de mucha reflexión pienso que Dios es como la cima de una montaña. Cima
solo hay una. Caminos hay muchos. Ojo, unos son de piedra, otros de
fango, no son todos iguales. Pero hay un camino recto, el de Cristo.
Sin renunciar a lo bueno.
Del
budismo mantengo cosas valiosas. La disciplina del budismo, la práctica
de la meditación, es muy valiosa. El adiestramiento de la mente, el
cuerpo y del espíritu. La ascética es un esfuerzo del hombre, un
método, no está mal. Pero la mística es la acción del Espíritu, Dios
que actúa y te rompe hasta el método.
Mantengo
mi disciplina de meditación en la oración privada. Meditación entendida
como lectura y reflexión de la Palabra de Dios, rezada, interiorizada,
como en la Lectio Divina de la Iglesia latina. También la oración
ligada a la respiración, como en la hesicastia cristiana, la tradición
del cristianismo oriental, la oración del Nombre de Jesús que sale en
los libros griegos de la Filocalia y los monjes del cristianismo
oriental. Como decía Juan Pablo II, que me parece un grandísimo
santo, hay que respirar con los dos pulmones de la Iglesia.
El
voto de pobreza y el de castidad no me resultan difíciles. El de
obediencia, el concepto de jerarquía, son cosas que me resultan más
novedosas. En ello estamos. (La historia de Juan apareció en un formato resumido por razones de espacio en el diario La Razón, el sábado 4 de octubre de 2008)
Recuerda que debes de luchar por conocer, vivir, predicar, celebrar y defender tu fe para ser un auténtico cristiano.