Saludos hermano.
Por tu comentario seguramente que no eres católico. Gracias por tu e-mail y
respondo a tus comentarios.
eucaristía eucaristía eucaristía eucaristía eucaristía eucaristía
1.- Presencia Real de Jesucristo: Cuerpo y Sangre.
Cuando los católicos creemos en algo no es porque a alguien se le
haya ocurrido sino porque seguramente tiene una fuerte fundamentación en la
Biblia y en la Tradición apostólica.
En este caso la «presencia real de Jesucristo» en el Pan y Vino consagrado es
un hecho que la Palabra de Dios nos muestra claramente. Leamos lo que Jesucristo
dice:
«Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná
en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo
coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan,
vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del
mundo.»
Jn 6,48-51
Esas son las palabras de Jesús en todas las Biblias del
mundo: el Pan que yo les daré ES MI CARNE. Palabras textuales de Nuestro Señor.
Ante este texto bíblico que es tan claro hay muchos hermanos evangélicos y
otros que dicen que no es algo real, sino que Jesucristo estaba hablando simbólicamente.
Para comprobar que esto no era nada simbólico sino algo
real, lo mejor no es dar nuestra opinión, sino dejar que la Biblia hable por sí
misma y nos muestre cuál fue la reacción de las personas que estaban alrededor
de Jesús cuando dijo esas palabras. Veámoslo en el siguiente punto:
2.- Los tres niveles de fe: judíos,
protestantes, católicos.
El primer grupo que encontramos es el de los judíos
reaccionando de esta manera:
«Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos
a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no
comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no viven de verdad. El
que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último
día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que
come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él».
Jn 6,52-56
Si leyó usted atentamente, notará que la reacción de los
judíos es de una gran incredulidad. Era normal, porque al oír las palabras de
Jesús las entendieron literalmente como las oyeron. Jesucristo estaba hablando
de comer su carne y beber su sangre.
Es como el primer nivel de Fe ante las palabras de Jesucristo. Nada de simbólico
como hoy en día lo dicen muchos.
Tan real que por eso reaccionaron así. Para que les quedara claro que era algo
real, Jesús les repitió a ellos cuatro veces la necesidad de comer su carne y
beber su sangre.
El segundo grupo de diferente reacción es el
siguiente:
«Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje.
¿Quién puede escucharlo?» Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos
murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando vean al Hijo
del hombre subir adonde estaba antes?...«El espíritu es el que da vida; la
carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y son
vida.«Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde
el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a
entregar. Y decía: «Por esto les he dicho que nadie puede venir a mí si no se
lo concede el Padre.»
Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de
seguirle.
Jn 6,60-66
Qué tremendo es lo que nos dice la Biblia. Muchos de sus
discípulos inmediatamente reaccionan diciendo que no, que esas palabras que Jesús
había dicho sobre comer su carne y beber su sangre era «muy duras». Claro.
Era algo real.
Nota mi querido hermano que este segundo grupo no era de judíos
sino de discípulos de Jesús. Es decir, eran creyentes que habían aceptado
antes las palabras de Jesús; creyentes que amaban a Dios y reconocían a Jesús
como el Mesías; creyentes que ya habían oído antes de las promesas y
exigencias del Reino; creyentes... sí, creyentes pero hasta un cierto nivel.
Para esos «discípulos» todo iba bien hasta que oyeron a
Jesucristo hablar sobre «comer su carne y beber su sangre». Discípulos, pero
a partir de ese momento, nos dice la Biblia en el verso 66, «se volvieron atrás
y dejaron de seguirle».
Si es tremenda su reacción de rechazo a esas palabras de
Jesús, más tremenda es la reacción de Jesucristo cuando ve que muchos de sus
discípulos deciden abandonarlo por esas palabras. Léalo usted en su propia
Biblia, en cualquier idioma y en cualquier versión. ¿Sabe qué hizo Jesús?:
NADA.
No hizo nada y dejó tranquilamente que se marcharan. Como
diciendo: «Si van a estar conmigo acepten mis palabras: "es mi cuerpo y es
mi sangre", por más duras que sean, si no aceptan, váyanse» ... y los
dejó ir.
Sin duda que esos discípulos son muy parecidos a muchos protestantes de hoy en
día que aman y siguen a Jesús, pero al llegar a la presencia real, deciden no
seguirle hasta ese nivel.
Pasemos rápidamente a ver el tercer grupo que
nos muestra otro tipo de reacción y de nivel de Fe:
«Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren marcharse?»
Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de
vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Hijo de Dios.»
Jn 6,67-69
Qué maravilloso e increíble es Nuestro Señor Jesucristo.
Después de que se le van muchos, voltea, mira a los Apóstoles, que sin deberla
ni temerla lo ven y les suelta la pregunta: ¿También ustedes quieren
marcharse?
Lo hizo así porque Jesús aprovechó la ocasión para
definir de una vez por todas quién iba a aceptar realmente sus palabras. Aun
corriendo el riesgo de que algunos de sus apóstoles también se le fueran, lo
hizo. Sus palabras: «comer mi carne y beber su sangre» eran tan reales e
importantes que no se podía «negociar» con ello. Nuestro Señor las pondrá
como condición para ser un auténtico discípulo al 100%.
Además, hay que resaltar que la reacción de ellos no es en grupo, como los judíos,
ni como los que lo abandonaron. No. Aunque Jesús les pregunta a los doce, la
respuesta es sólo de uno, representando a los doce: Pedro tomó la palabra y
dio un SÍ personal y eclesial: «Tú tienes palabras de vida eterna».
¿Casualidad? No. Pedro, el primer Papa, la cabeza visible
de la Iglesia; el pastor que Jesús nos dejaría, acepta las palabras de Jesús
tal como son.
Igualmente nosotros, católicos con una fe personal y unidos
al sucesor de Pedro, tenemos el regalo de llegar al tercer nivel de fe. De ahí
en adelante los católicos aceptaremos siempre las palabras de Jesús tal como
son: «Comer mi carne, beber mi sangre».
3.- El Mandato de Jesús: Hagan esto
en Memoria mía.
Veamos ahora cómo las palabras de Jesús no serían solamente para
ese tiempo, sino un mandato para que los Apóstoles y sus sucesores lo hicieran
por siempre:
«Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se los dio diciendo:
Este es mi cuerpo que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.»
Lc 22,19
Así que mi estimado hermano, la razón del por qué celebramos en la Iglesia
Católica la Eucaristía es porque simplemente se trata de un mandato de Jesús.
4.- Actualizando el único
sacrificio de Jesús en la cruz.
Además, cuando celebramos la Misa, no estamos pensando en ofrecer a
Jesucristo varias veces repitiendo su sacrificio, como las sectas piensan.
No. Lo que nosotros pensamos es en «hacer presente el único e irrepetible
sacrificio de Nuestro Señor». Tal como él lo dijo: «Hagan esto en memoria mía».Por
eso, años después, el Apóstol Pablo dirá:
«Porque yo recibí del Señor lo que les he transmitido: que el Señor
Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo
partió y dijo: «Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes; hagan esto
en memoria mía.»
Asimismo tomó la copa diciendo: «Esta copa es la sangre de la Nueva Alianza.
Cuantas veces la beban, hagan esto en memoria mía.»
1 Cor 11,23-25
Más que un simple recuerdo o una repetición, para el Apóstol
San Pablo y para nosotros, es un «hacer presente» la alianza que con su sangre
selló nuestro Señor.
5.- Tan real, que tiene
consecuencias reales.
Si al llegar a este punto todavía hubiera alguien que dude que se
está hablando de «cuerpo y sangre» como algo real, veamos cuál es la
conclusión del Apóstol en su discurso eucarístico:
«Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será
reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así
el pan y beba de la copa. Pues quien, sin examinar su conciencia come y bebe el
Cuerpo, come y bebe su propia condenación».
1 Cor 11,28
Tan real es el «cuerpo y sangre» para el Apóstol Pablo,
que recibirlo indignamente es comer su propia condenación. Cuando alguien
maltrata una foto de un artista no hay castigo, pero cuando es a la persona real
sí que lo hay.
Pablo lo está diciendo así, precisamente: como algo real.
6.- Ni con Microscopio, ni con
Telescopio.
Un último aspecto que te quiero comentar, es que cuando nos
escribiste me decías que si tú llevabas una hostia consagrada a un microscopio
no ibas a ver a Jesucristo. Te respondo que si la llevas a un microscopio allí
no verás a Jesús, pero si tomas un telescopio y miras al cielo, allí tampoco
verás a Dios. Te pareces a uno de los primeros astronautas que fue a la luna y
en tono de burla dijo: Fui al cielo y no mire a Dios.
Definitivamente olvidaste algo fundamental: A Dios no se
le ve con los ojos físicos en el microscopio ni en el telescopio. A Dios se le
encuentra con los ojos de la Fe, pues como el Apóstol Pablo dijo: «Nosotros
andamos por Fe y no por vista» Rom 8,24-25 y creo que en ese aspecto no andas
muy bien que digamos.
Ni modo. Como muchas veces dijo Jesucristo: «Que entienda,
el que pueda».
De nuestra parte seguimos unidos al Apóstol Pedro aceptando
el «cuerpo y la sangre de Jesucristo» y diciendo a Jesús:
«Señor, tú tienes palabra de vida eterna».
Y seguiremos Celebrando
la Eucaristía con gozo:
«Hasta que vuelva».
1 Cor 11,28
Dios te bendiga e ilumine tu mente y corazón.
Recuerda que debes de luchar por conocer, vivir, predicar, celebrar y defender tu fe para ser un auténtico cristiano.